Lo que impresiona a Dios: La historia de la mujer sirofenicia III parte


En cuarto lugar DIOS NO SE IMPRESIONA POR LAS OPINIONES DE LA GENTE. (15:23b-24)

Una de las cosas que he encontrado en mi caminar por el evangelio, es la actitud de las personas, y de la iglesia misma cuando se encuentra con una persona que le está yendo mal y que aparentemente Dios no está haciendo nada por ella. Ustedes pueden ver que los discípulos vieron la actitud de Jesús y entonces asumieron que ya que no le está contestando, se le debe echar fuera de la presencia del Señor. Hasta el momento, no entiendo como una iglesia y líderes se pueden atribuir la autoridad para echar a alguien de la iglesia. Es obvio que cuando se trata de falsa doctrina o de divisores la Palabra de Dios nos habla de separarnos de ellos. Pero en este caso, en realidad la mujer resultó incómoda para los discípulos. ¿Qué hacemos cuando la gente que entra por nuestras puertas nos incomoda? Simplemente nos desentendemos de ellas y a veces somos como los discípulos las echamos en nombre de Cristo. Note el tipo de opiniones que encuentra esta mujer aquí.

  1. La opinión de los “espirituales”

Hay tres verbos que me llaman la atención en este pasaje con relación a los discípulos.

  1. 1. “Acercándose”

La palabra es “proxerjomai”, es una frase que habla de venir a estar en la presencia de alguien. Denota intimidad y cercanía. ¿Cómo se puede estar cerca de Dios y tener semejante actitud? La razón la describen los siguientes verbos.

  1. 2. “Le rogaron”

El término es “erotao”.Sugiere con la mayor frecuencia que el que pide está en terreno de igualdad o familiaridad con la persona a la que hace la petición o pregunta. Se utiliza de un rey al hacer una petición a otro rey (Lucas 14:32); del fariseo que «rogó» a Cristo que comiera con él (Lucas 7:36), indicándose con el uso de este verbo el bajo concepto que tenía de Cristo. El uso de esta palabra denota arrogancia en los discípulos, y una petición llena de orgullo. Primero usan un tiempo aoristo, que denota intensidad y acción acabada. Por otro lado es indicativo denotando la calidad de la acción. En ese sentido habla de una acción fuerte, mandataria y sin discusión (por la acción acabada en el aoristo). ¿Cómo podemos ser tan arrogantes en lo que pedimos? Note que son los que están cerca de Jesús, pero para usarlo, para imponer sus ideas y concepciones. Esa cercanía es farisaica y legalista. No necesitamos estar cerca así de Jesucristo. Acercarnos a Dios para que respalde lo que nosotros creemos y decimos es una actitud muy mundana. Por eso me preocupa tanto que en nuestras actitudes cristianas pensemos que Dios está de parte de nosotros.

3. “Despídela”

Este es un aoristo imperativo. El aoristo imperativo es un mandato que requiere una acción urgente. Equivale a decir “despídela inmediatamente”. El verbo “despedir” es el verbo “apolúo” que implica desligarse, soltarse, dejar ir. Me he hecho la pregunta ¿Por qué razón, no son los discípulos los que la despiden, sino que quieren que Jesús lo haga? Porque hacer ver que Jesús es el que la despide nos da más autoridad para lo que deseamos nosotros. Esto sucede, muy a menudo. Gente que dice: “Dios me dijo”, ¿en serio fue Dios quien le dijo? ¿O estoy haciendo decir a Dios lo que yo quiero decir? Por esta razón es necesario tener mucho cuidado con esa muletilla tan común en nuestras congregaciones. No necesitamos usar la palabra “Dios me dijo” para sonar autoritativo o espiritual. De hecho cuando alguien use demasiado esa palabra hay que tener una gran dosis de sospecha de que Dios en verdad no le dijo hacerlo. Usar a Dios para deshacernos lo que nos incomoda es una de las estrategias más cobardes en nuestras congregaciones. Eso lo hemos hecho con los homosexuales, con los divorciados, con los pobres, con los tatuados, con los que son opuestos en cuanto a la opción política diferente a la de Dios (¿de derecha?) ¿Acaso Dios tiene opción política? Muchos evangélicos miran con sospecha que alguien vote por una tendencia de izquierda. En realidad somos nosotros los que queremos despedirlos, pero hacemos ver que es Dios quien quiere semejante cosa. ¡Que patéticos somos! Heredamos esa cobardía de los primeros seguidores de Jesús.

  1. 3. “Pues da voces tras de nosotros”

La expresión es “krazo”  y está relacionada con kraugee (palabra onomatopéyica que significa grito, clamor), y significa gritar, clamar. Se usaba en particular del chillido del cuervo, y de ahí de cualquier grito inarticulado de temor, dolor. De allí que este era el verdadero problema de los discípulos. Esta mujer estaba socavando “el orden” de los discípulos. Fidel Castro declaró (equivocadamente) un día que Cuba era “territorio libre en América. Sin embargo creo que el territorio libre en América debe ser la iglesia. Si existe un lugar en donde la gente puede ser quien es, ese lugar debe ser la iglesia. Pero no sé si te habrás dado cuenta de que es más fácil  nombrar aquellas cosas que no  podemos hacer  en la iglesia  que aquellas que sí podemos hacer. Insistimos que la iglesia no es un club social. Pero si observamos detenidamente encontraremos que tenemos códigos sociales que se deben seguir, desde la forma de vestir (especialmente la de aquellos en la plataforma) hasta la forma de hablar. Ahora, seguir esos códigos no es malo. Lo malo es no darles espacio en la iglesia a quienes no cumplan esos códigos fabricados por hombres totalmente falibles. Es como si dijéramos “despídelos porque dan voces detrás de nosotros” Sin embargo Jesús los recibe con los brazos abiertos. Los recibe así como son, con su ropa, con su vocabulario y con sus hábitos. Por eso es que los jóvenes  se sienten cómodos  al lado de Jesús. Al lado del Jesús de la Biblia, no el de la iglesia. Donde no se sienten cómodos  es en las iglesias  que no los reciben con los brazos abiertos. En aquellas iglesias  que se incomodan cómo son, se visten, hablan y actúan. Las expectativas que tenemos de los jóvenes están basadas en nuestra experiencia personal, como si eso fuera un absoluto en el cual basar reglas absolutas. En una ocasión escuché, a una persona mayor decir: “Eso que escuchan los jóvenes hoy no es música cristiana, cuando yo estaba en el mundo bailaba con es tipo de música” Podríamos responderle ¿Porqué hacer pagar a sus jóvenes por los errores que usted cometió? Si esa música le recuerda sus tiempos de desobediencia no la escuche. Pensamos que si damos libertad a nuestros jóvenes  entonces harán lo que quieren. ¡Qué genios somos! De eso se trata. La iglesia debe ser el lugar donde el joven sea lo que es. Si les damos libertad, sabremos quienes realmente son. Entonces los conoceremos y tendremos herramientas genuinas para ayudarlos. Un problema serio que tienen muchas iglesias  y la mayoría de escuelas cristianas es que lo primero que les lanzamos  a la cara a los jóvenes  es un centenar de hojas con reglas. Les decimos  a los jóvenes que “Dios los recibe así como son” pero en la primera oportunidad les damos el “reglamento” como si el cristianismo  se tratara de seguir una lista de cosas que no podemos hacer. Justificamos nuestra acción diciendo: “El reglamento es como la Constitución de la República, el joven necesita aprender a cumplir las leyes”. El problema es que al igual de las constituciones de muchos países, los reglamentos  están diseñados para favorecer a unos cuantos, en este caso  a los maestros, los pastores, los diáconos, los ancianos o el liderazgo en general. Entonces los “de arriba” no queremos ser incomodados, escribimos reglas como si de veras eso formara el carácter. Lo que estamos logrando es que el joven se comporte de una forma delante de nosotros y de otra fuera de la iglesia o de la escuela cristiana. Estamos faltando a la responsabilidad que tenemos de formar hombres y mujeres de carácter cristiano que sepan vivir, no que sepan nada más comportarse en la iglesia o en la escuela. Nuestra gran responsabilidad es darles herramientas para poder vivir como genuinos cristianos. De diez mil jóvenes latinoamericanos que se encuestaron, solo el 30% afirmaron que su comportamiento  es el mismo fuera de la iglesia que en la iglesia. No hemos levantado una generación temerosa de Dios, hemos levantado una generación temerosa de las reglas, temerosa de nosotros, sus líderes. Están preocupados por encajar en el molde que les hemos dado que por honrar a Dios cada día aunque nosotros no los estemos viendo. ¿Y por que tanta regla en la iglesia? Pienso que quizás es por dos razones básicas. La primera es que no tenemos la voluntad de recibir la crítica de aquellos que no entienden lo que estamos haciendo con nuestros jóvenes. No queremos arriesgar nuestra reputación. Ese era el caso de los discípulos, se veía muy fea su reputación con una mujer gritando en el culto. Y la otra razón es para compensar por la falta de relación. A menos relación más reglas. A más relación menos reglas. Mientras más tiempo pasemos con la gente, menos tendremos que decir no y más les diremos sí. ¿Queremos más gentes libres? Tengamos con ellos una relación  que les sirva de guía. ¿Estoy diciendo que no debe haber reglas? Me gustaría, pero el hecho es que necesitamos normas generales de vida. Lo que no  necesitamos es truncar la libertad personal  que Dios le ha dado a nuestros hermanos usando reglas innecesarias  para cubrir el fracaso  de nuestras relaciones con ellos. O para “ahorrarnos” problemas, especialmente cuando esos problemas  son las oportunidades que Dios nos da para formar a nuestros hermanos. Note esto, el reglamento decía que estaba prohibido mentir. Jesús sabía que Pedro lo iba a negar. Aún así dejó que “rompiera” el sagrado reglamento para que aprendiera. Me pregunto ¿cuantos de nosotros estaríamos dispuestos a correr con el mismo riesgo de darles esa clase de libertad a nuestros discípulos?

Sentados alrededor de muchas mesas de reuniones de consejo de líderes he visto las infinitas horas perdidas en irrelevantes discusiones acerca del control y el poder, queremos estar seguros de que se van a hacer las cosas en orden  porque Dios es un “Dios de orden”. Definimos orden como control. Pensamos que si algo no sale como a nosotros nos gusta es “desorden”. Lo que sucede es que hemos perdido el control, como los discípulos de Jesús. ¿Y saben? No nos vendría mal perderlo de vez en cuando. Es decir lo que estoy diciendo es que en nuestras iglesias se usa el término “orden” y lo que realmente quieren es “dominar la situación”. También definen  “orden” como “hacer aquello que a ellos les gusta y de la forma  que a ellos les gusta” ¡Casualmente  tienen los mismos gustos de Dios! Como los discípulos en este pasaje. El problema es que la Biblia no dice: “Dios, orden, orden, ordenado”. La Biblia dice: “Santo, santo, santo eres” Y confundimos santidad con orden. Si las actividades de los jóvenes por ejemplo van de acuerdo con nuestra iglesia entonces hay “orden”. Si no van de acuerdo a nuestras costumbres y reglas (aunque no vayan en contra de la Biblia) hay “desorden”. Muchos líderes y pastores responden diciendo que lo que quieren es un poco de orden  y que no se le prohibe hacer sus actividades. Al decir eso me doy cuenta que regresamos al tema  del poder y el control. Queremos tener el poder de decir que “sí” o “no” y de controlar las situaciones. Este poder y control lo ejercemos de acuerdo a nuestro gusto personal y no de acuerdo a la Biblia. Por lo tanto no dejamos espacio para aquellos que tienen expresiones personales diferentes  a las nuestras porque, según nosotros, nuestras expresiones personales son la medida y la norma. Lo que nos incomoda  está fuera de las reglas y las pautas, y estoy seguro de que Jesús nos incomodaría muchísimo si caminara entre nosotros hoy en día.  La humildad y la nobleza de Jesús probablemente lo llevarían a usar ropa formal cuando fuera a visitar  el liderazgo de las iglesias porque sabe que se identificaría mejor con nosotros y estaríamos más receptivos. Pero también, si lo viéramos caminando con esta nueva generación, tendríamos problemas para identificarlo porque su apariencia sería más parecida a la de ellos que a la de un cristiano. ¿Por qué? Porque a diferencia de nosotros, a Jesús no le importan  las cosas que a nosotros nos escandalizan, y le importa mucho aquello  a lo que muy pocas veces le prestamos atención. Me pregunto ¿si Jesús se vestiría como un cristiano?  Pobre. Creo que no el puede contestar lo absurdo de la pregunta. ¿Cómo se viste un cristiano? Preguntémosle a cien personas y tendremos cien respuestas diferentes, porque a cada uno le parece que su manera de vestirse es mejor. No queremos que nuestros jóvenes se vistan de cierta manera porque “parecen del mundo”, como si los cristianos que visten “formal” no se parecieran a los narcotraficantes que usan vestido “formal”. Esto es lo que pasa en realidad, queremos hacer de nuestros gustos los gustos de Dios. Así lo hicieron los discípulos, pero gracias a Dios no tuvieron éxito. Note que para los discípulos el grave problema “era que daba voces”. Pero para Jesús ese no es el problema, su problema va más allá de lo que nosotros vemos. El tiene prioridades en su plan que son las que no vemos. Hay cosas más importantes porque preocuparse dice Jesús que por una gentil bulliciosa y gritona.

  1. La opinión de Jesús

Note que Jesús declara no a la mujer sino a los discípulos. “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” Jesús está preocupado por sus hijos, su pueblo. El declara que son ovejas y que están perdidas. Una vez más pregunto: ¿Si usted está en un lugar en donde se pierde su hijo y se pierde el hijo de otro? ¿A quien iría a buscar? ¡A su hijo por supuesto! Nadie le juzgaría porque ignore a otro niño. Sin embargo con Dios si lo hacemos. El tiene una responsabilidad con su pueblo, por eso es prioritario, aunque esa prioridad “discrimine” a un mujer gentil. Así que no se iba a desviar de lo que le competía en cosas urgentes. Vendría el tiempo en que las prioridades serían los gentiles y judíos juntos. Jesús les hace ver a sus discípulos sus prioridades. También esa respuesta: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”  contenían un rayo de esperanza, el cual, si ella hubiera podido discernirlo posiblemente hubiera dicho así: “¿Que no eres enviado? Es verdad, Señor; no has venido acá en busca de nosotros, mas yo vengo en busca de ti; y ¿tengo que irme vacía? No trataste así a aquella mujer de Samaria que hallaste en tu camino a Galilea, pues la enviaste tú a hacer ricos a muchos”. Pero esta pobre mujer sirofenisa no pudo percibirlo. Entonces, ¿qué podía responder a tal discurso? Nada. Ella ha llegado al abismo más profundo de desesperación, al momento más obscuro de su vida, y sólo lanza un grito de angustia.

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