El peligro de distraerse en la vida cristiana


Una líder soviética contaba que hubo un tiempo cuando había muchos robos en la Unión Soviética. Para detener esto, las autoridades pusieron guardias en los alrededores de las fábricas. En una aserradero en Leningrado, había un policía que conocía muy bien a los obreros de aquel lugar. La primera noche, salió un obrero con una carretilla que llevaba un bulto con apariencia sospechosa. ―Muy bien, Petrovich, ¿qué llevas ahí? ―Ah, es solo aserrín y viruta. ―Qué paso, Petrovich, si no nací ayer. Abre el bulto.
El obrero abrió el saco y, efectivamente, sólo había aserrín y viruta. El guardia le permitió ponerlo todo de nuevo en la carretilla e irse a casa. Sin embargo, esto se repetía todas las noches durante una semana y el guardia se sentía frustrado. Un día, su curiosidad venció su frustración y le dijo a Petrovich: ―Oye. Yo te conozco muy bien. Dime qué estás sacando de contrabando y de dejaré ir. ―Carretillas, mi amigo. Llevo carretillas. ¿Verdad que las distracciones suceden así? El pobre guardia estaba tan distraído por el saco de aserrín que nunca se percató del robo de las carretillas. Todos nosotros enfrentamos distracciones cada día. Las distracciones diarias son inevitables. Sin embargo, vamos a hablar de algo más significativo. Como creyentes que hemos nacido de nuevo, hemos sido llamados por Dios para vivir de acuerdo con las prioridades de la Palabra de Dios. Sin embargo, Satanás hace todo lo posible para distraernos y apartarnos de esas prioridades. La triste verdad es que con frecuencia él sale triunfador. Lo veremos ilustrado en esta porción de la vida de Sansón. Al dirigirnos hacia el capítulo 14, llegamos a una época en la que Sansón era un joven recién llegado a la edad adulta. A pesar de su evidente fortaleza física, su carácter, compromiso e integridad eran débiles. El solo hecho de que los padres de un niño sean buenos cristianos y que en el hogar cuente con todas las ventajas y bendiciones del Señor, no significa necesariamente que él vaya a escoger un estilo de vida correcto. La prioridad y el propósito para la vida de Sansón fueron anunciados por el ángel del Señor en el capítulo 13:5 “… él debía librar a Israel de manos de los filisteos”. Pero, como veremos más adelante, se desvió del camino y se distrajo al tratar de agradarse a sí mismo. Veamos cómo el enemigo de nuestras almas intenta distraernos de hacer lo más importante.

I. SANSÓN DESEÓ UNA MUJER (1-4)

Sansón fue atraído por una mujer filistea (1-2). Cuando llegó a la edad para casarse, Sansón hizo un viaje y descendió a Timnat, una ciudad fronteriza en la tierra de sus enemigos, los filisteos. Al estar ahí, vio a una mujer. No se trataba de una joven hebrea que pertenecía a una distinguida familia, sino una de las hijas de los filisteos. Después de ser cautivado por la belleza de esta joven, Sansón regresó a la casa de sus padres y les dijo: “He visto en Timnat a una mujer de las hijas de los filisteos”. Notemos la arrogancia y la falta de respeto a sus padres al pedirles: “Tomádmela por mujer”. Subrayen dos frases en estos versículos. Primero, notemos que la primera acción de Sansón fue que “vio a una mujer”. En el vs. 1 se registra que sus primeras palabras fueron: “He visto a una mujer”. Ya estaba distraído. Al padre de Sansón no le gustó la joven filistea (3-4). Los padres de Sansón estaban correctamente preocupados. Le preguntaron si no había ninguna mujer de entre sus hermanos o familiares que le gustara y le fuera atractiva. Ellos querían que siguiera el mandamiento que Dios le había dado a su pueblo de no casarse con las paganas tribus cananitas que vivían a su alrededor (Leer Deuteronomio 7:3-4). Uno de los problemas de los jóvenes cristianos es el encontrar dentro del pueblo de Dios a sus parejas. La distracción hace que vayan al mundo a buscarlas. Sin embargo, Sansón no tenía ningún interés en obedecer al Señor. Se distrajo de cumplir con la prioridad de su vida que era librar a su pueblo de los filisteos… ¡por causa de la belleza de una guapa joven filistea! Notemos sus palabras: “Tomádmela por esposa porque me agrada”. Sansón no se sintió atraído por la amabilidad de esta muchacha, o por su notable capacidad intelectual o por alguna virtud espiritual, sino que fue atraído por su cuerpo; su apariencia externa presionó todos sus botones hormonales. Literalmente, Sansón dijo: “Ella está bien a mi buen ver”. Otra versión dice: “¡Ésa es la que a mí me gusta!”. El deseo de Sansón no tenía nada que ver con la voluntad de Dios o con el plan de Dios para su vida. Ni siquiera era amor…, era el mero deseo, el placer. A él no le importaba la mujer, sólo le interesaba él mismo. Él dijo: “A me agrada mucho”. Es imposible poner los ojos en uno mismo y en la voluntad de Dios al mismo tiempo. Él pudo haber ido a pelear primero contra los filisteos; pero, en lugar de eso, regresó a satisfacer sus deseos pasionales. Nuestro Dios Todopoderoso es soberano. Manoa y su esposa no sabían, ni tampoco Sansón sabía que esta relación era de Dios. Dios tiene el control de todas las cosas, de tal manera que inclusive usó la desobediencia de Sansón como una ocasión para atacar a los filisteos.

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