El terreno en el cual nosotros estamos es muchísimo más positivo en el tiempo presente que el que disfrutaron los santos del Antiguo Testamento, porque nosotros miramos atrás, al logro victorioso del Calvario. Sin embargo, la posición y la condición del Antiguo Testamento es también un cuadro real de nuestro propio tiempo y condición espiritual; estoy pensando en términos de libros de la Biblia y no de versículos. Los libros de Daniel, Esdras, Nehemías y Ester tienen que decirnos al respecto. Estoy convencido de que estamos viviendo en un tiempo representado por estos libros, y en ese sentido estamos viviendo tiempos bíblicos, de manera que estos libros son muy actuales, y tienen hoy un significado permanente. No puedo pensar que el Señor nos haya dado meramente una colección de libros de historia sobre cosas que pasaron hace siglos sin un valor real para nosotros. Su Palabra dice: «Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron» (Rom. 15:4), de manera que Dios nos quiere decir algo a través de ellos. En primer lugar estos libros nos hablan de cautividad espiritual Veamos lo que estos libros representan, y cómo ellos tocan nuestro tiempo. Hay factores comunes en ellos. Primero, su fondo histórico general – el pueblo de Dios en cautividad en Caldea y Persia, como resultado de una crisis espiritual. Sin adentrarnos en lo que Babilonia, Caldea y Persia pueden significar, damos por sentado el hecho de que, cuando el testimonio de Dios se desmorona en su pueblo, viene un estado de cautividad espiritual, y espiritualmente ellos quedan fuera del lugar donde se asienta el testimonio de Dios. Ellos estaban en un terreno, en un orden de cosas, con respecto al culto, exteriormente ordenado por hombres, pero detrás de aquello estaba la mano de Satanás como el dios de este siglo. Babilonia y Persia representan el dominio de un orden religioso establecido por el hombre, un orden terrenal de cosas, en el ámbito del culto gobernado por el dios de este siglo a través del hombre. Me temo que por lo que veo a mí alrededor, vemos mucho de esto en el pueblo de Dios, especialmente en este lado de Latinoamérica. Sin embargo en medio de esas condiciones estaban los que aún seguían al Señor, representando algo que no estaba comprometido con ese estado; ellos estaban descontentos e interiormente resistían a aquéllos. En segundo lugar estos libros nos hablan la carga del corazón en los protagonistas. Aquí veo un concepto que Dios me ha estado mostrando últimamente y es que antes de intentar hacer la obra de Dios debemos primero recibir la carga de Dios por la restauración de su testimonio. Vea como estos cuatro libros representan eso; y en cada caso encontramos al instrumento mencionado bajo una gran carga acerca del testimonio del Señor, sus intereses, su nombre, y su pueblo por causa de ese Nombre. Ese es el segundo factor común. Detengámonos aquí, porque es aquí donde empieza ese ministerio. En general hoy, el pensamiento y la concepción plena del Señor no es la cosa general hallada entre su pueblo. El testimonio del Señor ha sido quebrado grandemente, y la gran multitud llamada por Su Nombre es gobernada, manipulada y controlada por algo que es religiosamente de la tierra y no de los cielos, del hombre y no del Espíritu Santo; y es necesario ver la imposibilidad de aceptar ese estado de cosas. Una cosa es reconocer esto, y realmente otra es estar asociados con el mover del Señor para recuperar para sí mismo aquello que está en Sus propósitos. Uno puede ocuparse todo el tiempo con el mal estado de las cosas, lamentarse, hacer a las personas sentirse miserables, y aun así no lograr nada. Eso no es suficiente. Yo creo que había muchos en Caldea que lamentaban las cosas y hablaban de ‘los buenos días de antes’. Es bastante fácil hacer eso, y en cierto sentido es descontento religioso; pero eso no produce fruto en el movimiento de recuperación del Señor. El Señor actuaría en relación a esta situación, y él está obrando. Esdras se inicia con la actividad soberana de Dios (capítulo 1:1). Dios no sólo actúa desde el exterior, no sólo soberanamente, sino que hay algo que lo precede, que hace posible su actividad, que introduce la soberanía de Dios. Todos estos que representan Su vaso para tratar con la situación, eran hombres que tenían una gran carga en relación a los hechos, y ellos no son usados por Dios en una situación así a menos que tengan dicha carga. Vemos a Esdras derramándose delante de Dios de tal manera que las personas se reunieron en torno suyo y, cuando vieron su desesperada preocupación por el estado de cosas, fueron conmovidos tan tremendamente que no había él terminado de orar, cuando vinieron a él y procuraron enmendar rumbo. Así vemos a Esdras, lejos de Jerusalén, con una gran carga por el testimonio del Señor. Nehemías, allá en Persia, es mostrado con una carga similar. Porque, habiendo preguntado a Hanani y a sus amigos acerca de su estada en Jerusalén, y oyendo de ellos un informe deplorable, esto lo cargó tanto que su semblante se demudó, y él, sabiendo que su vida corría peligro, fue ante el rey con una cara triste –porque era prohibido ir ante el rey con tal semblante– pues él no podía ocultar la aflicción de su corazón por los intereses y el testimonio del Señor, en relación al pueblo llamado por Su nombre. Ester, otro vaso escogido por el Señor, es presentada igualmente entregando su vida por la vida de su pueblo – esta gente cuya vida representa los intereses y el testimonio de Dios sobre la tierra. Esta es la manera en que Dios nos hace asumir Su preocupación por sus intereses en la tierra. Daniel también es un hombre con una carga, orando tres veces al día. Y durante tres semanas enteras, ¡qué oración hace, moviendo el cielo y la tierra! Él es un hombre con una carga; y allí es donde el ministerio real empieza. Dios se procura un vaso, un instrumento traído en tan estrecha comunión con él, que las condiciones de ruina y fracaso imperantes se vuelven un sufrimiento agudo, una agonía. Pablo supo algo de ese «sufrir por causa de Su cuerpo… completando lo que falta de los padecimientos de Cristo». ¡Nosotros debemos enfrentar eso! La actitud que va a contar para Dios es el compartir Su preocupación. Hay todo un romanticismo de la obra cristiana, pero todo el entusiasmo y el interés de la actividad cristiana organizada es mero encanto. Lo que cuenta no es lo que nosotros somos delante de los hombres en esta materia, sino lo que somos ante Dios en el cuarto secreto, teniendo aflicción de corazón por Su testimonio. ¿Tienes una carga, una pasión? ¿Es para ti una angustia la crisis del testimonio del Señor en la tierra entre aquellos que invocan Su nombre? Nunca lograremos nada hasta que hagamos nuestro Su sentir. El servicio, en su valor real, permanente, eterno, dependerá de la medida en que la carga entra en nosotros. Éste es un día para asumirla. Aquéllos que han sido más usados por Dios en cada época han sido hombres y mujeres que tenían esta carga en su alma, en su vida íntima con Dios. ¿La tienes tú? Quizás digas ‘No’. Entonces pídele al Señor que te introduzca en Su preocupación, derrámate delante de él para ser traído a Su carga durante el tiempo en que tú vivas. Todo esto representa a aquéllos que toman en sus corazones una carga que los lleva a un punto donde sus intereses han pasado a segundo plano. Ellos toman su vida en sus manos, y sostienen todo respecto al propio interés y testimonio del Señor, dejándolo todo por Dios. Ésta se vuelve una carga del corazón para ser llevada todo el tiempo, no meramente como una carga del ministerio. ¡Oh, que el Señor ponga esta carga dentro de nosotros, para que dondequiera que estemos, no podamos permanecer ociosos! Esto es necesario en todo servicio real. No que nosotros estemos siempre dando la impresión de ser desdichados. Había una confianza y una fe que creaba en estos siervos de Dios una extraña y muy real paradoja – «como entristecidos, mas siempre gozosos» (2ª Cor. 6:10). Amados, ése será uno de los factores liberadores en cualquier vida. El camino de la liberación de sí mismo y de la introspección es tener participación en la carga del Señor. La liberación de sí mismo viene aparejada a la acción de involucrarse en los intereses del Señor. Tú puedes llegar a estar atado con tus propios problemas espirituales, y la manera de liberarte es tener la carga de todo el pueblo de Dios en tu corazón. Eso crea el ministerio, que significa fuerza, que significa oración. Tener una carga del Señor nos emancipa. ¿La tienes tú, o estás envuelto con las cosas, jugando con guacales a la orilla de la playa, en lugar de salir fuera, a lo profundo de Dios en su gran tarea? ¿Estás simplemente interesado o desesperadamente involucrado; simplemente teniendo un buen pasar, o realmente llevando encendido tu corazón con las necesidades del pueblo de Dios? ¿Estás verdaderamente allí?