Cuatro libros que representan los tiempos que vivimos 2 parte

La tercera cosa que nos hablan estos libros es de La gran necesidad del Señor: un instrumento El Señor debe tener un instrumento, un instrumento como Daniel, sea personal o colectivo, que se mueva hacia él a favor de su testimonio. Debe tener un Nehemías, con un corazón afligido por Su pueblo, a causa de la crisis del testimonio. Debe tener un Esdras, que en ningún momento se compromete con lo que es contrario a la mente de Dios. Debe tener un instrumento como Ester, que desecha todo temor, y va, tomando su vida en sus manos, a sitiar el trono por la vida de su pueblo, para la liberación del pueblo de Dios de la amenaza del enemigo. ¡Oh, lo que forjaron esas oraciones! Y, mis estimados lectores , si queremos ser instrumentos eficaces para el Señor en su obra del fin de los tiempos, la carga del Señor debe entrar en nuestro corazón de esa manera; debemos ser ejercitados de una manera muy profunda en los intereses de Dios. No debemos reservarnos nada de lo que contará para el Señor y sus intereses. ¡Te sorprenderías al ver cómo pasaría el Señor si tú le das una oportunidad! Todo empieza con un reconocimiento de la necesidad y la carga de estas cosas en nuestros corazones. Cuando realmente estemos en ello por el impulso del Espíritu Santo, se hallarán, encarnados en nosotros, los rasgos comunes encontrados en estos instrumentos del Antiguo Testamento; y nosotros seremos hallados como un pueblo consagrado hacia esta única cosa: la carga del Señor y la preocupación de corazón por Su testimonio en Su pueblo. La cuarta cosa común en estos libros es la oposición del enemigo. Luego, cuando asumes la carga, encuentras que estás en un ambiente de oposición, y que realmente estás en una batalla. Ese es otro rasgo común en estos libros; cada uno de ellos representa una situación de terrible oposición y antagonismo, todos combinados para detener la obra. Esdras – «Ahora nuestros enemigos». Y no estás lejos de Ester cuando descubres que estás en medio de un conflicto. ¿Y qué sobre Daniel? ¡El foso de los leones era para orar! Si nosotros vamos a permanecer con Dios en aquello que representa totalmente su propósito, tendremos que enfrentarnos al más feroz antagonismo, conflicto y presión, en todo momento; el enemigo no va a pasar por alto ningún método para frustrarlo todo. ¿Por qué tanto antagonismo? ¿Por qué tanta presión? Cada vez que sucede algo que cuenta para Dios en relación a su propósito para el tiempo del fin, allí está, lo encontrarás todo el tiempo. ¿Dónde obtiene el diablo su información? Él averigua cuando nosotros tenemos un importante mensaje de Dios, y nos encontramos con esta presión de adentro y de afuera cuando estamos en una tarea que cuenta para Dios. Cuando viene esto, es seguro que concierne a algo en lo cual Dios está involucrado. Vendrá por medio de personas, y si culpamos a las personas y enfocamos nuestra atención en ellas, hemos extraviado el rumbo; empezamos a luchar contra los hombres, pero en realidad se trata de algo más profundo. «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Ef. 6:12). Las personas se enemistan entre sí, y eso nos sobrepasa; enfocamos nuestra atención en ellas, nos airamos con ellas y viene el conflicto. Después vemos cuán insensatos hemos sido al permitir que el diablo nos envuelva en una situación humana, cuando es un problema espiritual. Realmente no ha sido la falta de las personas; ha habido un asunto espiritual en juego, y todas estas cosas fueron provocadas y utilizadas por el enemigo para ocuparnos con lo menor, de manera que nos ciega al problema real, dejándonos así fuera de la oración, y anulando nuestra posición a favor de los derechos del Señor que en algún punto u otro están siendo desafiados. Es un ámbito de conflicto incesante, y parecería que hemos entrado en esa parte de los tiempos cuando el enemigo no toma descanso, y nosotros encontramos que no tenemos reposo. Tú no debes hacer nada desligado de Dios, y nunca debes actuar fuera de, o aparte de, Dios; tal actitud expuesta habrá sido detectada por el enemigo, y tendrás que pagar por ello. La quinta cosa común entre ellos es el ministerio cuádruple Hay un aspecto cuádruple del ministerio de estos instrumentos usados por Dios. Daniel es el primero en empezar este movimiento hacia la restauración en Babilonia, y es interesante y significativo que se inició con la oración. Daniel levantó el testimonio de Dios en Babilonia mediante la oración. Dios reaccionó a través de un instrumento de oración. La mirada de Daniel está dirigida a Jerusalén; él está orando para que Dios recupere lo que ha perdido. Su preocupación es el lugar del Nombre, y él la expresa orando. «…desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días» (Daniel 10:12-13). A través de la oración de Daniel, los poderes del infierno habían sido conmovidos hasta lo más profundo, incluso hasta resistir a uno de los arcángeles más altos del Cielo – «Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme». Notemos que Ester viene luego con la definición, y es como si el diablo dijera: «Daniel ha orado para conseguir que el pueblo salga y regrese a Jerusalén; yo voy a hacer imposible que ellos vuelvan». Así que nosotros lo vemos, a través del malvado Aman, procurando aniquilar a los judíos, determinado a eliminar todo remanente que pudiese regresar. Hoy el enemigo se opone tenazmente a que haya un remanente para Dios, trayendo muerte, presionando en todas las formas, firmemente decidido a paralizarlos. Dios controla todo soberanamente, y todas las maquinaciones de Amán son anuladas. Entonces Esdras levanta el testimonio, y su carga es por la casa de Dios en Jerusalén, y es el ministerio de la edificación. Y él, con el remanente, regresa y edifica la casa y erige el altar. Finalmente, entra Nehemías con su ministerio de la separación. Su preocupación son los muros y las puertas de Jerusalén. Él tiene urgencia por establecer una clara distinción entre lo que es de Dios y lo que no es de Dios. Él es diligente en salvaguardar el testimonio de Dios; vemos su celosa vigilancia sobre el día de reposo: «… los amonesté… y les dije… ¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el día de reposo? … Y les amonesté y les dije… Si lo hacéis otra vez, os echaré mano» (Neh. 13:15–21). El sábado es ese gran testimonio de la integridad de la obra de Dios. Los muros hablan de la delimitación donde termina lo que no es de Dios; hay un límite claro, y más allá de éste, las cosas no son de Dios, ellas no tienen ningún lugar aquí, son excluidas. Los muros representan la ausencia de mezcla, la ausencia de superposición, y una delimitación clara. Ese es el mensaje de Nehemías.
Ahora quiero que veamos brevemente algo sobre Esdras 8, y veamos lo que significa para nosotros. Dios me ministró con algunos detalles del pasaje. Notemos que se mencionan varios nombres: los nombres de «aquellos que subieron conmigo de Babilonia». Aquí hay un registro de aquéllos que se separaron absolutamente para seguir con Dios. He aquí una escritura santa, y es como si el Espíritu Santo tomase la pluma y anotara los nombres de los que asumieron una responsabilidad en el testimonio de Dios, y él está escribiendo cada nombre de toda la fiel compañía que llevó a cabo Su obra; porque el Espíritu Santo habría hecho el comentario si alguien se hubiese detenido en el camino. No, éstos dejaron la tranquilidad y las comodidades de Babilonia por una jornada larga y difícil, amenazados por muchos peligros, y regresaron a una ciudad en ruinas. Hay un trabajo arduo, una cuota de sufrimiento, oposición, y mucho más, pero ellos deseaban pagar el precio y afrontar todo; y éstos son aquellos cuyos nombres son grabados con tal cuidado, y sus nombres estarán allí en tanto la Biblia esté vigente; ellos son los «llamados, y escogidos, y fieles» absolutos para Dios, cualquiera sea el costo. Es hermoso que Dios tenga en cuenta el nombre de cada uno de esos hombres que están trabajando. ¿Estamos avanzando nosotros con Dios? ¿O estamos calculando el precio y retirándonos? Y entonces notamos que la siguiente nota en el capítulo es la declaración de Esdras: «… no hallé allí de los hijos de Leví» (Esd. 8:15). ¿Por qué? Si se supone que son los que debería dar el ejemplo. Los levitas eran aquéllos que sólo tenían una herencia en Dios; ellos no tenían herencia en la tierra (Jos. 14:4-5). Ir a una tierra de desolación en la cual ellos no tenían herencia, no parecía muy prometedor, y ellos estaban consiguiendo más en Babilonia y en Persia de lo que podrían tener allí, y así no podían ver cómo iban obtener su sustento. Ellos sabían que no tenían ningún derecho a entrar en el reino de las cosas terrenales; y a causa de que no tenían herencia en la tierra, sino tenían que confiar en el Señor, se quedaron en Babilonia. ¡Aquéllos que tenían que salir y tener su porción sólo en Dios, fueron miserablemente pocos; ningún levita salió! ¿Y no ocurre lo mismo en el ministerio de la Palabra, cuando alguien sale de un sistema donde está seguro de su sustento? Es una prueba de fe tener una posición asegurada en el mundo de la religión, y salir, y sólo tener su porción en Dios y no en el mundo. No hay muchos que puedan hacer eso. Así que no hay ningún levita en ese registro. Cuantos pastores siguen en la religión de hecho he conocido a muchos que hablan pestes de sus congregaciones pero que no se van porque allí tienen asegurado el sustento! Venden su ministerio por un plato de lentejas. El siguiente hecho es: Esdras proclamó ayuno (vers. 21-23). ¿Qué señala esto, espiritualmente? Sólo esto: ¡El Señor vela por ti! Eso es todo. Sí, pero es de nuevo una prueba de fe, porque es una jornada de fe. ¿Puede el Señor guiarnos? ¿Hacemos bien en no consultar al rey? En otras palabras, debemos interceder para ayudar a los hombres, para ayudar al mundo; asegurándonos de obtener una respuesta efectiva. Eso es lo que significa; pero nosotros pensamos que no podemos actuar sin echar mano a los recursos del mundo. ¡Pero podemos contar con Dios! Él velará por nosotros. Ese es el testimonio, amigos lectores – Dios nos guarda. Esa es nuestra conducta segura, exitosa y victoriosa. Al ver los Salmos 121 al 134 después de Esdras 8:21; notamos que hay un caminar en ellos todo el tiempo, y una nota firme de confianza y victoria. Algunos han pensado que ellos cantaron eso en su viaje. Ellos expresan esa confianza absoluta en Dios: «Como Jerusalén tiene montes alrededor de ella, así el Señor está alrededor de su pueblo». Eso es algo mucho mejor que todos los jinetes y caballos de este mundo. El Señor puede velar por ti. Confía en él; no bajes a Egipto o al rey de Babilonia por ayuda; dale al Señor una oportunidad para mantener su propio testimonio. Así ellos siguieron esta jornada de fe y el Señor les respaldó en su confianza. Esdras 8:24-30 trata con el depósito; la ofrenda voluntaria santa al Señor: «Vigilad y guardadlos, hasta que los peséis delante de los príncipes de los sacerdotes y levitas, y de los jefes de las casas paternas… en Jerusalén». Es de bendición considerar esto como el depósito que el Señor nos confió en el principio. De eso escribe el Apóstol a Timoteo: «…guarda lo que se te ha encomendado» (1ª Tim. 6:20). Por causa de Su testimonio, el Señor ha encomendado al vaso aquellas cosas que representan la plenitud de Su salvación. Tú tienes el bronce, la plata y el oro; sabemos lo que eso significa, y todo esto es el depósito, estas cosas sagradas de «la fe una vez dada a los santos». Esos grandes elementos de la salvación: la Justicia, la Redención y la Santificación. Al entrar al tribunal del tabernáculo, nos encontramos de inmediato con el bronce –el altar de bronce–, con todo su maravilloso significado del cuerpo del Señor Jesús total y completamente consagrado a la voluntad de Dios, «por el cual nosotros somos santificados» – el holocausto perfecto que provee para nuestra Santificación (Heb. 10:10). Entonces tenemos la plata de nuestra Redención, y el oro de esa conformación a la imagen divina. Ese es el depósito de la fe. Judas insta a los creyentes a que contiendan ardientemente por la fe una vez dada a los santos. Ese es el depósito confiado a nosotros al principio, y para ser ofrecido completo al final de la jornada. Pablo podía decir al final de su vida: «He guardado la fe», y él lo devolvió completo al final en la casa de Dios. Esto representa el ministerio concerniente a la Casa de Dios, el testimonio entero, el Evangelio pleno. La fe plena una vez entregada a los santos es confiada a nosotros; y tiene que ser atesorada en la casa de Dios, resguardada en la jornada, y por fin presentada al Señor sin mezcla. El testimonio claro; sin perder ni una tilde, sino devuelto entero. El Señor nos dé la gracia y fuerza para guardar nuestra confianza y presentarla a él diciendo: ‘No hemos perdido nada, hemos guardado la fe, hemos corrido la carrera’. Hay una corona de justicia delante de nosotros. Todo esto es muy bueno como verdad bíblica, pero si sólo llega hasta ahí, yo he hablado en vano. Conozco la dificultad de involucrar a otras personas en la preocupación y carga de uno mismo. Creo que ustedes tienen una cuota de percepción acerca de cómo están las cosas hoy; ellas son espiritualmente terribles, pero hay aquéllos que buscan más de Dios, e inquieren acerca de dónde pueden encontrar alimento espiritual. Creo que el Señor hará algo en nuestro día – el día de las cosas pequeñas. Él empezará teniendo un instrumento con una carga, en el cual depositará la revelación plena del Señor Jesús; un instrumento que saldrá en fe y confiará en Él, dando al Señor una oportunidad para ser vindicado. Que el Señor nos constituya en parte de tal instrumento y también mueva a otros. Pregúntale al Señor por esta materia, y, si es verdad, ponla en tu corazón y entra en comunión con él en aquello que él hará hoy.

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