He pecado: el peligro de una mala confesión 4 parte

El hombre Dudoso. Y ahora tengo que presentarles un caso muy interesante; es el caso del confesante dudoso, el caso de Acán, en el libro de Josué, en su capítulo 7, y versículo 20: “Y Acán respondió a Josué diciendo: verdaderamente yo he pecado.” Ustedes saben que Acán robó una parte de los despojos de la ciudad de Jericó, hecho que fue descubierto por suertes, y fue condenado a muerte. He escogido este caso como representativo de algunas personas cuyo carácter es ambiguo en su lecho de muerte; personas que se arrepienten aparentemente, pero de quienes lo más que podemos decir es que esperamos que sus almas sean salvas al fin, aunque en verdad no lo sepamos. Acán, -ustedes están conscientes de ello-, fue apedreado por contaminar a Israel. Pero yo encuentro en la Misná, una antigua exposición judía de la Biblia, estas palabras: “Josué dijo a Acán, el Señor te turbará en este día.” Y la nota acerca del texto es: “dijo en este día, implicando que iba a ser turbado únicamente en esta vida, al ser lapidado hasta morir, pero que Dios tendría misericordia de su alma, en vista de que hizo una plena confesión de su pecado.” Es probable aunque no hay una evidencia contundente Pueden ustedes observar cuán amablemente habló Josué a Acán. Él le dijo: “Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras.” Y descubrimos a Acán haciendo una muy plena confesión. Él confiesa: “Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho. Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.” Parece una confesión tan plena, que si se me permitiera juzgar, yo diría: “espero conocer a Acán el pecador delante del trono de Dios.” Así que he seleccionado su caso como representativo de un dudoso arrepentimiento. ¡Ah!, queridos amigos, me ha tocado en suerte estar junto a lechos de muerte, y ver muchos arrepentimientos como este; he visto al hombre, cuando ha sido reducido a un esqueleto, sostenido por las almohadas en su cama; y ha dicho, cuando le he hablado del juicio venidero: “señor, siento que he sido culpable, pero Cristo es bueno; yo confío en Él.” Y yo he dicho dentro de mí: “yo creo que el alma de ese hombre es salva.” Pero siempre me he alejado con la melancólica reflexión que no recibí pruebas de ello, más allá de sus palabras; pues se requiere de pruebas en actos y en vida futura, para poder sostener una firme convicción sobre la salvación de un hombre. Ustedes saben ese importante hecho, que un médico guardó una vez un registro de mil personas que creían que se estaban muriendo, y que él creía que eran penitentes; él escribió sus nombres en un libro como personas que, si hubiesen muerto, habrían ido al cielo; esas personas no murieron, sino que vivieron; y él comenta que de las mil personas no hubo ni tres que fueran verdaderamente convertidas después, sino que regresaron otra vez a sus pecados y fueron tan malas como siempre. ¡Ah!, queridos amigos, yo espero que ninguno de ustedes tenga un arrepentimiento en su lecho de muerto como aquellos; yo espero que su pastor o que sus padres no tengan que estar junto a su lecho, y luego se alejen y tengan que decir: “pobre individuo, yo espero que sea salvo. Es peligroso los arrepentimientos a la hora de la muerte, son cosas muy endebles; son bases tan pobres y tan triviales para la esperanza, que me temo que, después de todo, su alma pueda estar perdida.” Debemos morir con una plena certidumbre, morir con una abundante prueba, dejando atrás un testimonio que hemos partido de esta vida en paz! Esa es una manera más feliz de morir que hacerlo de una manera dudosa, yaciendo enfermo, estando suspendido entre dos mundos sin que sepamos ni nosotros ni nuestros amigos a cuál de los dos mundos nos dirigimos. ¡Que Dios nos conceda gracia para que demos en nuestras vidas evidencias de verdadera conversión, para que nuestro caso no sea dudoso!

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