La segunda exhortación era “se fuerte en el Señor. Es importante entender que esto no se le dice a nadie a menos que esa persona sea capaz de cumplirlo. ¿De qué sirve decirle “se fuerte a una persona que es físicamente enclenque? Y cuando Pablo le dice esto a Timoteo por escrito, se da cuenta de que este joven entiende cómo ser fuerte. Pablo no está diciendo aquí cómo hemos de ser fuertes, eso es algo que debemos de hallar en las Escrituras. Se trata sencillamente de descansar, aprendiendo cómo depositar nuestra confianza en la obra de Jesucristo. Así es cómo debemos de ser fuertes en el Señor, pero lo que necesitaba Timoteo era una exhortación para hacerlo, para ponerlo, de hecho, en práctica y eso es precisamente lo que necesitamos nosotros. Una frase que siempre me ha gustado es: Cuando lo intento, fracaso; Cuando confío, El tiene éxito. Me gusta eso. Eso lo expresa con exactitud, ¿verdad? Cuando lo intento, fracaso, pero cuando confío, él tiene éxito y así es como se vive la vida cristiana. Hay tres figuras de las que se vale el apóstol para describir el ser fuerte en el Señor. En primer lugar, sé fuerte como un soldado. El pensamiento en este caso es una dedicación absoluta a la labor, sin desviarse para nada. Entréguese de lleno a ello, de forma que pueda usted complacer a Dios, que le ha llamado a ser soldado. ¿Cómo puede usted seguir a Cristo si se dedica usted a otros propósitos en la vida? En ese caso se encontrará usted con diferentes propósitos conflictivos. No, dice Pablo, si quiere usted ser fuerte, dedíquese usted de lleno de la misma manera que un soldado se entrega de lleno a una sola cosa. En segundo lugar, sé fuerte como un atleta. Eso quiere decir ser disciplinado, sin buscarse caminos más fáciles, sin excusas y sin saltarse las reglas de la competencia. De la misma manera que no se corona a un atleta a menos que cumpla las normas, si va usted a ser cristiano, no se busque usted atajos, sencillamente sígale. En tercer lugar, sígale como un granjero, lo cual implica ser diligente. Aplíquese a esta labor, sin disminuir el ritmo de trabajo. Cualquier granjero sabe que si espera que haya una cosecha en el verano debe de pasar algún tiempo trabajando y plantando durante el invierno. Cuando recorría los caminos hacia Sesori (que es un pueblo en El Salvador) regularmente lo hacíamos muy de mañana, y a esa hora ya estaban los campesinos en sus milpas desyerbando, abonando y haciendo todo tipo de trabajo. Y así de sencillo debiera ser en la vida del cristiano. La vida cristiana no es una en la que relajamos tranquilamente mientras sigue su propio camino, sino que exige una diligencia y una disciplina, leyendo y dedicándonos de lleno a la labor de conocer las Escrituras y aplicando deliberadamente los grandes principios de la verdad que aprendemos. Y si hace usted estas cosas, nos dice Pablo, podrá ser usted fuerte, fuerte en el Señor. Finaliza este encargo con un recordatorio acerca de la fortaleza del Señor. No solo ser fuertes, sino ser fuertes en el Señor. “Acuérdate de Jesucristo, resucitado de los muertos, de la descendencia de David…” (2ª Tim. 2:8) Dos cosas acerca de él que recordar: es el Cristo resucitado, capaz de estar con usted en cualquier momento y en cualquier ocasión, no está limitado ni por espacio, ni por tiempo ni por geografía y está a su disposición ahora mismo, además del hecho de que es un Cristo humano. El ha estado donde lo ha estado usted y ha pasado por lo que está pasando usted. Sabe las tensiones por las que pasa usted y ha sentido sus mismos temores. “Acuérdate de Jesucristo, resucitado de los muertos, de la descendencia de David un Cristo resucitado y humano.
La próxima recomendación comienza a partir del capítulo dos, versículo catorce y termina en el capítulo tres. Aquí Pablo nos está diciendo que evitemos las trampas y los engaños que pueda haber en el camino, destacando tres de ellos. El primero es las discusiones por las palabras. ¿Se ha dado usted cuenta alguna vez de la manera en que los cristianos se enfadan en ocasiones por palabras insignificantes de las Escrituras, sobre cómo se efectúa el bautismo o al hablar del milenio; son cristianos que se dividen en facciones, que escogen sus armas y pelean? No hagamos eso, nos dice el apóstol, evitemos esta clase de situaciones. Estas son controversias sin sentido e inútiles, que se extenderán como la gangrena. No que estos asuntos no sean importantes, porque lo son en un sentido, pero hay aspectos de las Escrituras en los que los eruditos honestos, investigadores y serios encontrarán diferencias. Por lo tanto, lo mejor es evitar las controversias en esos aspectos, sin tomar decisiones finales y causar divisiones por esta clase de cosas. En segundo lugar, nos dice que evitemos las pasiones arriesgadas. He aquí una palabra de consejo para un joven que sentía en su interior la excitación de la pasión, de los impulsos sexuales y otros anhelos, por vivir en una sociedad saturada de sexo como la nuestra. Los que le rodeaban le decían: “cualquier cosa vale, satisfácete a ti mismo, no es mas que un deseo natural y toda la demás propaganda y falsas doctrinas que hoy en día oímos por todas partes. Timoteo se estaba enfrentando con todas ellas y Pablo le tiene que decir: “Recuerda Timoteo que en una casa grande no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro. Además, hay unos para uso honroso y otros para uso común.” (2ª Tim. 2:20) Esta es una figura preciosa porque Pablo está hablando acerca del mundo entero como si fuese una gran casa y dice que Dios tiene a ciertas clases de personas en esa casa tan grande. Están aquellos a los que usa para propósitos que no son honrosos y, eso es algo que se encuentra en la historia contemporánea, Dios está usando a hombres y a mujeres para llevar a cabo su voluntad de diferentes maneras, que nada tienen que ver con la nobleza, es decir, por medio de las guerras. Ninguna guerra es noble, a pesar de lo cual Dios usa a algunos hombres en esas guerras para matar y realizar sus propósitos. Pero hay otros a los que utiliza para fines nobles, no destructivos, no para causar división, sino para reunir y para edificar, para sanar y armonizar. Cada uno de nosotros será utilizado por Dios de una manera u otra. Pablo dice, que si quiere usted ser usado para propósitos nobles, en lugar de serlo para los que no son nobles, deberá separarse de aquellas cosas que destruyen su vida. “Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor.” (2ª Tim. 2:22). Una de las más grandes fuerzas destructivas de nuestro tiempo es el libertinaje, en relación con la cuestión sexual, que está destruyendo el tejido de nuestra civilización, a pesar de lo cual los hombres quedan cegados ante este hecho, pero los cristianos lo vemos con toda claridad y hemos sido instruidos, por lo que esta palabra de consejo es de lo más acertada para nosotros que vivimos en medio de una sociedad que se ha pasado de la raya en cuanto a la libertad sexual. “Huye, pues, de las pasiones juveniles. No las elimines, como dice Pablo en otro lugar, pero sí de gracias por ellas, andando honestamente y en pureza ante el Señor y Dios le usará a usted para fines nobles y no para los que no lo son. Y la tercera trampa o engaño que encontramos en el camino es la actitud de rebeldía: “…en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. Quiero hacer notar, de pasada, que los “últimos días no se refiere a los tiempos del fin de la iglesia en la tierra, sino que incluyen todo el período de tiempo entre la primera y la segunda venida de Cristo. Desde el día mismo en que nuestro Señor se levantó de entre los muertos han sido los “últimos días. Y en estos últimos días, nos dice Pablo, habrá círculos repetitivos de aflicción, y ahora mismo estamos pasando por uno de ellos, en el que la paz brilla por su ausencia en la tierra y los hombres están angustiados, en los que existen extrañas fuerzas demoníacas que actúan en la sociedad, creando terribles problemas y durante estos tiempos de aflicción veremos representadas ciertas características, de las cuales Pablo nos ofrece una lista: “Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita.” (2ª Tim. 3:1-5)
¿Qué es lo que debemos hacer? En este caso, básicamente, nos encontramos ante las características de la rebelión, con una actitud de anarquía. ¿Cómo se puede evitar caer en esa trampa? Bueno, dice el apóstol, lo primero es evitar a esa clase de personas, no uniéndose a su causa. No quiere decir con eso que no podamos hablar con ellas, pero no unirnos a ellas, no participar en esta clase de rebeldía desafiante. Pero además es preciso recordar que esta clase de rebelión siempre da como resultado una rápida revelación de su debilidad y eso fue precisamente lo que les sucedió a Janes y Jambre, los dos magos que se opusieron a Moisés ante la corte del faraón (Ex. 7:11) Además esta clase de personas actualmente no son tampoco muy justas, pero su insensatez resultará evidente a todos, como sucedió en el caso de estos dos hombres. Esa es una palabra de consuelo en estos tiempos de ilegalidad, en los que nos preguntamos hasta dónde van a llegar las fuerzas de la ilegalidad actuales. Pablo nos dice que no llegarán demasiado lejos, porque su insensatez no tardará en ser evidente para todos. En la última parte de este capítulo, el apóstol le dice a Timoteo cómo librarse, de nuevo con un doble consejo: siendo paciente en el sufrimiento y persistente en la verdad. “Recuerda cómo me comporté yo le dice a Timoteo. “Tú me observaste, has visto cómo he soportado todas las pruebas con las que me he tenido que enfrentar. Recuerda que si soportas con tranquilidad el sufrimiento y continuas en la verdad, aferrándote a las Escrituras y a lo que ha dicho Dios, hallarás con seguridad el camino y pasarás por toda clase de complicaciones, peligros y trampas del mundo en el que vives. Y a continuación viene su recomendación final: “Te requiero delante de Dios y de Cristo Jesús, quien ha de juzgar a los vivos y a los muertos, tanto por su manifestación como por su reino: predica la palabra.” (2ª Tim. 4:1, 2) Distribúyela, proclámala. No te limites sencillamente a creer en la palabra, habla sobre ella, cuéntaselo a otras personas. Declara la gran verdad que Dios te ha dado. “Mantente dispuesto a tiempo y fuera de tiempo, convence [a aquellos que tienen muchas dudas], reprende [a los que cometen muchos pecados], y exhorta [a los que están dominados por el temor].” (2 Tim. 4:2) Tres cosas: convence, reprende y exhorta; para contrarrestar las características de una época de decadencia. Y Timoteo debe sentirse motivado en ello por estas dos cosas. Primero, ha de hacerlo en vista del hecho de que vive en la presencia de Dios y de Jesucristo. Tenemos a todo un universo que nos está observando y nuestra fidelidad está siendo observada todo el tiempo. Dios nos está observando y lo mismo está haciendo Cristo, por lo que debemos de vivir ante su presencia. En segundo lugar, debe de hacerlo teniendo en cuenta los peligros de los tiempos. “Porque vendrá el tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, más bien teniendo comezón de oír…” (2ª Tim. 4:3) No permitas que suceda esto, le dice Pablo, habla con verdad y proclama la palabra. A continuación finaliza con esta maravillosa palabra de testimonio, relacionada con su propia experiencia: “Porque yo ya estoy a punto de ser ofrecido en sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla; he acabado la carrera; he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el Juez justo, en aquel día. Y no solo a mí, sino también a todos los que han amado su venida.” (2ª Tim. 4:6-8) Eso es realmente magnífico, especialmente al recordar el ambiente. El apóstol se encuentra encerrado en una diminuta celda, confinado y pasando frío, casi en total oscuridad, escribiendo a la luz de una antorcha que chisporrotea, sabiendo que su destino ya está decidido. Ya ha aparecido una vez ante Nerón, ese desastroso y monstruoso emperador, y tiene que aparecer de nuevo ante su presencia, y sabe bien cuál será el resultado en esta ocasión. Será llevado fuera de las murallas de la ciudad y con un golpe de espada, le cortarán la cabeza, que rodará por el polvo, y ese será el fin. Pero si se da usted cuenta Pablo mira mucho más allá de esa situación. La muerte no es más que un incidente para el creyente y Pablo está contemplando el día en que aparecerá ante la presencia misma del Señor, cuando de repente se encontrará ante él, aunque siempre ha estado ante él por medio de la fe, y se descubre a sí mismo con el Señor en aquel gran día. Pero mezclado con ese sentimiento hay otro elemento muy humano. Fíjese en lo que le dice a Timoteo: “Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. A Tíquico envié a Efeso. Trae, cuando vengas, el manto que dejé en Troas en casa de Carpo, y los rollos, especialmente los pergaminos.” (2ª Tim. 4:11-13)
Se siente mentalmente aburrido, solo en espíritu y su cuerpo golpeado por el frío. Aunque somos conscientes de que es capaz de ver más allá y contemplar la grandeza de la gloria venidera de Dios, al mismo tiempo vemos su profunda humanidad. No hay nada de malo en ello. Cuando nosotros tenemos frío, o nos sentimos solos o aburridos, podemos admitirlo sin problema, porque eso no es un pecado, pero debemos al mismo tiempo ver más allá de esas circunstancias y añadir la dimensión de la fe, que ve la realidad de un mundo invisible y que cambia toda la dimensión de las circunstancias en las que vivimos. He pensado con frecuencia acerca de Pablo ante la presencia de Nerón. El dice: “Pero el Señor sí estuvo conmigo [la primera vez que apareció ante Nerón] y me dio fuerzas para que por medio de mi fuese cumplida la predicación… ¡Qué tremendo desafío! ¿No es cierto? Pablo tuvo que aparecer ante aquel desgraciado Nerón y proclamar la palabra completa. “…y que todos los gentiles escucharan. Y fui librado de la boca del león. (2ª Tim. 4:17) Esa fue la primera vez que apareció ante él, pero sabe que en esta ocasión la cosa será muy diferente. Y en aquel día en que Pablo apareció por segunda vez ante el emperador, el nombre de Nerón era un nombre honrado entre los hombres y conocido por todo el Imperio. ¿Quién había oído hablar de aquello, solo aquel pequeño judío de Tarso, calvo, con las piernas patizambas y torpes de palabra? Y sin embargo, 1900 años después, llamamos a nuestros hijos Pablo y a nuestros perros Nerón. Así ocurre con todos los prepotentes, que piensan que tienen todo el poder de destruir al débil, siempre terminarán destruidos por su propia arrogancia. A continuación finaliza con algunas palabras personales a sus amigos. ¡Qué maravillosa es esta epístola! ¡Qué tremendo desafío debió representar para el corazón del joven Timoteo. A mi me hubiese encantado recibir una carta así de Pablo ¿a usted no? Y de hecho, eso es lo que es. También nos está escribiendo a nosotros, para que nos mantengamos firmes, para que sigamos el ejemplo de las sanas doctrinas, para que participemos en los sufrimientos con gozo y con un espíritu de ecuanimidad por causa del evangelio, no devolviendo mal por mal, sino bien por mal, y recordando que él puede guardar lo que ha depositado en nosotros. Padre nuestro, lleno de gracia, cómo han conmovido estas palabras una vez más nuestros corazones, al encontrarnos en un tiempo parecido de deterioro y desesperación. Te pedimos que tú, que nos has llamado con un llamamiento santo y nos has impartido el Espíritu Santo, y que nos has dado tu santa palabra, nos guardes y nos hagas ser fieles. Concédenos la diligencia del granjero, la disciplina del atleta y la dedicación del soldado, que nos pondrán a la altura de los tiempos en los que vivimos. Dios haz posible que nuestro ojos se eleven por encima de las tinieblas corrientes de nuestra vida diaria para contemplar las grandes cosas que están más allá de la cortina invisible y para que podamos vernos a nosotros mismos viviendo constantemente en tu presencia, incluso en esta hora. Desafía nuestros corazones para que seamos fuertes en medio de la debilidad y para que seamos fieles en medio de todo aquello que es falso. Lo pedimos en el nombre de Jesús, amen.
15 Oct