Muy bien el tema de la bendición debe analizarse en su contexto, primordialmente en el contexto de Génesis 12. Piense en esto por un momento , la bendición tiene sus raíces en el relato de la creación de Génesis 1, donde Dios bendice a los animales y a los seres humanos (1:22, 28). En ambos casos el tema está relacionado con la fertilidad; así que la bendición comienza con la frase “fructificad y multiplicaos”. Esta bendición es parte de la obra ordenada y benévola de Dios, quien ve que todo es “bueno”, hasta “bueno en gran manera” (1:10, 12, 18, 21, 25, 31). Completa su obra con una bendición final para el séptimo día, el día de reposo (2:3). En el contexto de la creación, entonces, la bendición se refiere principalmente a algo concreto, material, la multiplicación de los seres creados por Dios. A la vez tiene su aspecto espiritual. Dependía de la iniciativa de Dios y debería experimentarse dentro del marco de una relación con él, en ese mundo bueno donde todo y todos estaban en su lugar y funcionaban según los propósitos divinos. También había un día apartado por y para Dios, un día bendecido por él mismo. Esta perspectiva material-espiritual viene a reforzarse en el capítulo 2, con la provisión de un huerto y la presencia de Yahweh mismo con la primera pareja. Así que pueden notar entonces que en los orígenes y en la mente de Dios no había una “dicotomía” ni un intento “holístico de la misión a Adán y Eva”. Luego con el pecado del capítulo 3, el cuadro cambia dramáticamente. El contexto general de una creación bendecida se altera por la maldición sobre la tierra (3:17). El hombre y la mujer son juzgados de tal manera que se les dificulta la procreación y su trabajo en el campo (3:16-19). La amenaza de las consecuencias de la desobediencia (“el día que de él comieres, ciertamente morirás”, 2:17) se cumple en maneras sorprendentes al soltarse la muerte sobre la humanidad. A primera vista la muerte se posterga, aunque no se olvida, con el decreto de que los humanos volverían al polvo (3:19), pero lo que no se explica es cómo vendría la muerte. Los siguientes capítulos proveen la respuesta; la muerte está por doquier. Algunos morirían a sangre fría por el fratricidio o una venganza desenfrenada (4:8, 14, 23-24); otros gozarían de una larga vida, pero tarde o temprano sucumbirían a la muerte por causas naturales (véase el refrán “y murió” en 5:5, 8, 11, 14, 17, 20, 27, 31); el resto, con la excepción de Noé y su familia, se ahogarían por medio del juicio del Diluvio, porque la maldad y la violencia habían llenado la tierra (caps. 6-8, especialmente 6:5-7, 11-12); finalmente, Dios le delegaría al ser humano la autoridad de castigar a otros con la pena de muerte (9:5-6). Claramente, la humanidad no goza del árbol de la vida fuera del Edén. Pero, la muerte significa más que la terminación de la existencia física. Génesis 3 describe cómo el ser humano se aleja de Dios en su intento de esconderse de él (3:8-10), por su negativa de aceptar la responsabilidad por el pecado (3:12-13) y por su expulsión del huerto sin ninguna esperanza de poder regresar (3:23-24). La tentación de ser igual a Dios (3:5), con todas sus consecuencias desastrosas, se manifiesta de nuevo con el enojo violento de Caín y la arrogancia de Lamec, a quienes les falta respeto por la vida (4:5-9, 23-24), con el caso misterioso en que los hijos de Dios y las hijas de los hombres sobrepasan lo normal (6:1-4) y con la audacia de los constructores de Babel de rehusar llenar la tierra y aun de tratar de llegar hasta el cielo (11:1-4). Dentro de este contexto, en el cual los tristes resultados de la Caída empapan todo, ¿qué había pasado con el propósito divino de bendecir material y espiritualmente a la humanidad? Después de una palabra esperanzadora en 3:15 de una simiente que heriría la cabeza de la serpiente, surge una serie de individuos ejemplares con el nacimiento de Abel (4:1-4) y Set (4:25-26), el caminar de Enoc con Dios (5:22, 24) y especialmente la aparición de Noé. Este hombre obediente (6:22; 7:5, 9, 16; 8:15-19) tiene las mismas características positivas de quienes le precedieron: camina con Dios (6:8-9) y ofrece sacrificios (8:20-21). Pero, a la vez, los supera. Con él se anuncian cosas que contrarrestarían los efectos del pecado: se aliviarían las penas del trabajo (5:29; cp. 8:21), la bendición original casi se repite en su totalidad (9:1), y Dios hace un pacto con Noé que garantiza que nunca habrá otro juicio tan devastador (6:18; 9:8-17). Pero, todas las expectativas pronto vienen al suelo. Noé se encuentra borracho en su tienda, inconsciente y deshonrado por su hijo Cam (9:21-24).Esta realidad de pecado, fracaso y decepción es el trasfondo del llamado de Abram. Las muchas cosas que vez tras vez frustran el deseo de Dios de otorgar a la humanidad las bendiciones de la creación hacen que, al llegar a Génesis 12:1-3, el lector aprecie el poder del plan de la misión. Con este pasaje se reconfirma el propósito divino. Seguiré en la otra entrega.
6 Sep