¿Sólo los pastores pueden bautizar? II parte

¿sólo pastores ordenados pueden bautizar?

¿sólo pastores ordenados pueden bautizar?

El segundo ejemplo es el de Ananías y el bautismo de Saulo. En Hechos 9 tenemos la historia de la conversión de Pablo. Un tal Ananías es encomendado por el Señor para restaurar la vista del invidente Saulo y de imponerle las manos para que recibiera el Espíritu Santo y luego ser bautizado (Hechos 9:17-18). Y aunque no se dice quién bautizó a Pablo, es probable que lo haya hecho el mismo Ananías. Pero, ¿quién era Ananías? Según lo registrado en Hechos 9:10, Ananías era simplemente un discípulo del Señor, uno de los 70 discípulos que Jesús había mandado a predicar delante de él a las distintas ciudades (Lucas 10). Ojo que no se dice que Ananías era un diácono, pastor, u obispo, sino solamente un discípulo como usted y yo. Y es seguro que este mismo discípulo bautizó a Pablo una vez que éste recibiera el Espíritu Santo por la imposición de manos. El tercer ejemplo es El bautismo de la familia de Cornelio. En Hechos 10 tenemos la historia de la conversión de Cornelio y de sus familiares y amigos más cercanos, los cuales aceptaron el evangelio a través de Pedro, siendo inmediatamente bautizados por orden de apóstol: “Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 10:48). ¿A quiénes mandó Pedro a bautizar a Cornelio y a sus allegados? Todo parece indicar que fueron aquellos que acompañaron a Pedro hasta la casa de Cornelio: “… y le acompañaron algunos de los hermanos (fieles de la circuncisión) de Jope” (10:23,45). Así que estos hermanos de Jope seguramente procedieron a bautizar a los familiares y amistades de Cornelio (Hechos 10:24). Tampoco se dice acá que estos hermanos de Jope fueran ancianos, diáconos u obispos de algunas de las iglesias. El cuarto ejemplo es El bautismo de Crispo y su Familia Dice Hechos 18:1-8, de este modo: “Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto… Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.  Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles.  Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga.  Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados”. Nótese que muchos Corintios, así como Crispo, un hombre importante de la sinagoga, y su familia, fueron bautizados… ¿por quiénes? Sin duda, por Pablo, Timoteo y Silas y un tal varón llamado Tito (o Titio) Justo quienes estaban con Pablo. Sabemos que Timoteo, Silas y Justo no eran apóstoles, ni ancianos, ni diáconos de alguna iglesia, y sin embargo, bautizaban. ¿Y por qué bautizaban? Porque eran evangelistas que estaban cumpliendo la gran comisión ordenada por Jesús en Mateo 28:19,20. ¿Así que que es lo que evidencia el NT con relación al bautismo? Lo que el Nuevo Testamento evidencia sobre el bautismo en la evangelización del primer siglo es que esta práctica fue llevada a cabo primero por los apóstoles del Señor, luego por un diácono (Felipe), luego por evangelistas como Timoteo y Silas, luego por algunos fieles de la circuncisión, y luego por los discípulos como Ananías y Justo. No encontramos evidencia de que esa práctica fuera llevada a cabo por los mal llamados clérigos de las iglesias o por ministros ordenados. Cuando se sostiene que el bautismo sólo debe ser practicado por los Pastores u Obispos, lo que se está diciendo es que sólo ellos son los llamados a evangelizar, y eso es totalmente falso. La idea de que el Pastor es el único que puede bautizar es peligrosa, porque le da una autoridad exclusiva a éste la cual no se la ha otorgado jamás. Esto hace que el creyente se sienta obligado a permanecer en una determinada iglesia porque cree que debe ser fiel al pastor que lo bautizó. La verdad es que todo cristiano está llamado a hacer discípulos, y no tan sólo los apóstoles, pastores, o los mal llamados “clérigos”. Y si usted está llamado a hacer discípulos, usted debe completar el mandato bautizando a los que creen en el Señor. ¡Usted no debe quedarse a la mitad del camino! Hay personas que predican el evangelio, y una vez que logran hacer discípulos, éstos son transferidos al Pastor de la Iglesia para que los bautice. ¿Dónde está eso en la Biblia, por favor? La iglesia Católica sostiene que el bautismo sólo puede ser administrado por los sacerdotes de la iglesia, y no por los llamados laicos. Esta es una falacia de marca mayor. Esta distinción entre laicos y clero es ponzoñosa y falaz, ya que la Biblia no hace esta clase de distingos. Todos aquellos que hacen discípulos pueden y deben bautizar a sus discípulos, cumpliendo así con el mandamiento del Señor en Mateo 28:19,20. Estos nuevos creyentes bautizados son automáticamente añadidos a la iglesia del Señor (Hechos 2:41,47) para ser perfeccionados por los pastores (“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,  a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”—Efe. 4:11,12). Así que los pastores no fueron necesariamente llamados a bautizar a los nuevos santos o conversos, sino sólo a PERFECCIONARLOS.  Por lo tanto, no se preocupe en buscar a un pastor para que le bautice una vez que usted haya creído en Cristo y su evangelio, pues él no fue llamado para eso, sino aquel que le enseñó el evangelio (su maestro).  Recuerde que no hay ningún solo caso de bautismos de pastores en el NT. Sin embargo, si el pastor sale a la calle para buscar perdidos, y los convierte al Señor, él también está autorizado para bautizarlos. La iglesia sólo debe cobijar a los ya convertidos para ser perfeccionados por los pastores, y jamás debe permitirse el ingreso de inconversos dentro de la santa congregación.

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