Solo para los que se quedan cuidando el equipaje III parte

solo para los que cuidan el equipaje

solo para los que cuidan el equipaje

Muchos cristianos se sienten culpables por no servir en algún campo misionero del extranjero. Pero quedarse en casa con el “bagaje” es, también, un alto llamado en Jesucristo. Si usted ama al Señor y camina en su Espíritu, puede estar seguro de su llamado. La Palabra de Dios nos asegura: “Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso” (1 Corintios 12:18). ¿Ven lo que Pablo quiere decir? Si usted es un anciano en su iglesia, usted tiene un alto llamamiento en el Señor. Como también lo tiene el maestro o la maestra de escuela dominical. Incluso lo mismo es verdad para cualquier madre soltera que lucha para criar a sus hijos para Cristo. Ella tiene un alto llamamiento, justo donde se encuentra. Así también, si usted es un hombre de negocios, un abogado, un doctor: descanse en su llamado. Si es usted un vendedor, un mecánico, un maestro, un mesero, no tiene que forzar un llamado al campo misionero para poder agradar a Dios. A menos que el Espíritu mismo le esté inquietando, descanse donde se encuentra, en lo que está haciendo. “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo…Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? ¿tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente” (1 Corintios 12:27-31). Es importante que ningún creyente se frustre por no estar en África o en algún campo misionero. El Señor nunca trae condenación a nadie de su pueblo respecto al llamado a las misiones, cuando Él mismo los ha colocado en el lugar donde están dentro de su cuerpo. Claro que es importante permanecer abiertos y dispuestos a oír del Espíritu, respecto a servirlo en algún lugar fuera. Pero debemos rendir este asunto enteramente a la inquietud y a la dirección del Señor. Dios sabe cómo inquietarnos y cómo abrir puertas para el ministerio, en casa y fuera de ella. El apóstol Pablo da una palabra profundamente convincente, sobre este asunto del servicio al Señor. Pablo era un misionero mundial con un corazón de amor para con los pobres. El oía el clamor de los más pobres en toda nación que visitaba. Y él enseñó a cada pastor y evangelista debajo de él: “No se olviden de los pobres”. Con regularidad, Pablo tomaba ofrendas para los pobres; en un punto viajó a muchas ciudades para juntar dinero para Jerusalén cuando la hambruna era inminente. De todos los que hayan vivido, Pablo entendió el clamor de la necesidad humana. Sin embargo por más que este apóstol piadoso sacrificara, aun hasta el punto de morir él mismo como un mártir, nos dio una advertencia convincente: “Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve” (1 Corintios 13:3). Debo preguntar: ¿Estamos listos para aceptar las palabras convincentes de Pablo? En esencia, él está diciendo: “Ustedes pueden llorar respecto a los gritos desesperados de los pobres. Pueden viajar a los barrios marginales de África o en Guatajiagua en El Salvador. Pueden estar listos para morir como mártires. Pero si no se han asido del amor, todo lo que hagan es en vano, sea en casa o como misioneros fuera del país”. Piense en esto, aun Jesús les dijo a sus discípulos que comiencen su obra en Jerusalén, su ciudad natal, antes de ir a lo último de la Tierra. Esto me dice que nuestra primera misión tiene que ser en nuestros propios corazones. En otras palabras, el Espíritu Santo tiene que hacer su obra en nosotros, antes de que pueda hacer su obra a través de nosotros. Recuerde lo que dijo Jesús de la pobre viuda que echó dos moneditas en el arca de la ofrenda: “Esta viuda pobre echó más que todos”. La viuda dio todo lo que tenia. Mi esposa Trini, se ha quedado en casa “junto al bagaje”, mientras yo hacía muchas cosas en público. Muchas veces los logros han sido de ella, sus oraciones y consejos y aún exhortaciones han dado tanto fruto como el mío. Estoy completamente seguro que en la eternidad será llamada para recibir sus galardones iguales a los que yo esperaría tener. Y aunque por su carácter ha sido muchas veces menospreciada en las iglesias que hemos trabajado, estoy seguro que Dios jamás la ha visto de esa forma. Tendrá la misma bendición o aún mayor que algunas estrellas de esta generación. Bendecimos a nuestros misioneros en los campos de cosecha por todo el mundo. Ellos se arriesgan grandemente y ponen en peligro sus vidas por el evangelio. Nuestros misioneros y sus familias necesitan nuestras oraciones y apoyo. Los honramos. También honramos a los que no pueden ir, incluyendo a los ancianos, los inadvertidos, los desempleados y aquéllos que sirven al Señor fielmente en su llamado presente, en toda lengua y nación. Amado santo, que Dios no permita que se incomode su espíritu a causa de que usted no crea estar haciendo nada importante para la obra de Dios. Sus oraciones, sus continuos aportes para las misiones, su espíritu amoroso, todo está dándole gloria y honrando a Dios. Mi oración es que usted le pida al Espíritu Santo que lo lleve a su reposo, y que le dé paz y gozo, justo donde usted está, ese es su deseo. ¡Amén!

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