
Solo para los que cuidan el equipaje
A partir de ese momento, todo rey en la historia de Israel guardó la ley de los despojos de David. Es mi privilegio hoy, saludar al actual ejército de respaldo de Dios. Quiero hablar a todo creyente que no puede viajar al campo misionero, sino que tiene que quedarse por diversas circunstancias. Me estoy refiriendo a aquéllos que son fieles en oración, que hacen el sacrificio de dar, que respaldan económicamente la obra misionera. A todos esos creyentes, les doy un claro mensaje de 1 Samuel 30: Ustedes son la línea de suministro del frente de batalla. Y los despojos de la guerra son de ustedes, también. En aquel glorioso día, cuando la batalla haya acabado, cuando finalmente podamos bajar nuestras espadas espirituales, muchos estarán delante del Señor pensando que tienen las manos vacías. Estos santos desconocidos dirán dentro de sí: “No tengo nada que presentarle al Señor, no hice nada de nada, nunca llevé almas a Cristo”. Sin embargo, ¡qué glorioso momento les espera, cuando Jesús comience a repartir los despojos! Estarán sobrecogidos de gozo, a medida que sus ojos son abiertos para ver cuán importante fueron ellos para la batalla. ¡Los que pensaron que no tenían buenas obras que presentar, compartirán equitativamente los despojos! Entre ellos, habrá viudas, personas aisladas y jubilados, quienes dieron con sacrificio para apoyar la obra misionera. Mientras pienso en estos santos desconocidos, me imagino a las mujeres norteamericanas que mantuvieron el frente de sus hogares durante la Segunda Guerra Mundial. Aquella fábrica donde se veían docenas de mujeres trabajadoras llegar e irse. Mientras sus esposos, hermanos y novios peleaban en el frente de batalla, en el Pacífico, Europa y África, estas mujeres estaban a cargo de inmensas líneas de producción. Trabajaban duro, a toda hora, sudando, mientras que los fuertes ruidos de la planta zumbaban constantemente en sus oídos. Las circunstancias no permitieron que estas mujeres estén en el frente de batalla. Así que “se quedaron con el bagaje” apoyando a sus seres queridos. Y, sin el fruto de dicha labor, de su fiel producción en aquellas líneas de ensamblaje, la guerra nunca se habría ganado. Amados, esta es la verdadera figura, en la eternidad, de todo santo desconocido que piensa que no tiene nada que presentarle a Jesús. David basó su ley de los despojos en un precedente que Moisés estableció en Números 31 Durante la época de Moisés, un ejército de 12,000 soldados israelitas derrotó a los madianitas y a 5 capitanes de guerra. Cuando los despojos fueron después reunidos, Moisés dio la siguiente instrucción: “Toma la cuenta del botín [despojos] que se ha hecho…y partirás por mitades el botín entre los que pelearon, los que salieron a la guerra, y toda la congregación” (Números 31:26-27). Aquí vemos dos grupos iguales, según Moisés: combatientes y congregantes, aquéllos que fueron a la batalla y aquéllos que “se quedaron con el bagaje”. El Señor mismo ordenó que estos dos grupos compartieran en igual cantidad los despojos. Cuando Israel contó el botín madianita, la división se hizo de la siguiente manera: 337,500 ovejas para los combatientes, 337,500 para los congregantes 36,000 vacas para los combatientes, 36,000 para los congregantes 30,500 asnos para los combatientes, 30,500 para los congregantes 16,000 cautivos para los combatientes, 16,000 para los congregantes ¿Ven la figura? Era completamente equitativo, entre los que fueron y los que se quedaron. Para el conteo, en nuestros días, me imagino al apóstol Pablo siendo convocado. Todas sus victorias de almas ganadas se volverán a contar, así como todas las iglesias que estableció. Entonces muchos hombres y mujeres de Antioquia serán llamados a pararse al lado de Pablo. Éstas fueron las personas que ayunaron y oraron por el apóstol, que impusieron manos sobre él y lo enviaron como misionero. Ellos le enviaban, ofrendaron con sacrificio. Simeón, Lucio y Manaén eran los ancianos de la iglesia en Antioquia. Ellos y otros santos desconocidos como ellos, nunca fueron al lejano frente de batalla. Probablemente, jamás atravesaron el mar, ni viajaron a Macedonia. Aun así, serán llamados a compartir el botín de Pablo. ¿Por qué se le dará una porción igual a la del apóstol? Porque ellos jugaron un papel en cada alma que Pablo ganaba, en cada iglesia que Pablo edificaba, en cada viaje que Pablo hacía. Dios desea que todos descansemos y nos regocijemos, en nuestro llamado.