Una evaluación de los cinco ministerios V parte

El gusto es comparado con el don de maestro

El gusto es comparado con el don de maestro

Por último el sentido del gusto Este sentido es de gran importancia al cuerpo pues está vitalmente ligado con la alimentación. Por un lado advierte que el chile jalapeño es picante o el café está muy caliente y que al entrar al organismo pueden irritar, producir úlceras y otras reacciones. A veces la lengua, que es la portadora del sentido del gusto, se acostumbra a tolerar cosas calientes y picantes que el estómago no está listo para recibir y eso altera todo el comportamiento del cuerpo. Para usar una ilustración gráfica, aunque jocosa, podemos pensar en esas caricaturas en las cuales alguien come algo picante y luego saca fuego por la boca. El sentido del gusto cumple esa responsabilidad y necesidad que tiene el cuerpo para comer y lo convierte en pura experiencia agradable y deliciosa. Imagínese tener en la mesa un buen bistec con papa, y una ensalada mixta, un arroz a la valenciana, un pastel de queso y un vaso de coca-cola (valga el anuncio). Pero todo sin sabor, que no haya diferencia entre unos y otros. En español usamos la expresión “papa sin sal” cuando algo o alguien carece de gracia, queriendo decir que sin sabor, la papa y cualquier comida no es apreciada. Regresando a la mesa, podemos comer todo aquello y sacar el beneficio de la nutrición; pero sería meramente obligación y necesidad, no sacaríamos ningún deleite y por lo tanto no tendríamos motivación para volver a la mesa. En lugar de esperar con anticipada emoción la hora de la próxima comida, la consideraríamos como la próxima cita con el doctor o la toma de un purgante para mantener el sistema limpio.

En este sentido es comparable al don de maestro. Como depende el cuerpo humano las cosas correctas que necesita para fortalecerse, así también depende el cuerpo de Cristo de la alimentación espiritual para que se desarrolle con un balance de entendimiento que le capacite a ser para la honra y la gloria de Dios. Las comidas irritantes pueden ser esas doctrinas que tienden a dar un sentido de superioridad, y por consiguiente cuando se hablan, en lugar de ser palabras sazonadas con sal, son palabras con fuego: pero no fuego purificador sino del que habla Santiago. Fuego que es inflamado por el infierno. Las úlceras y las irritaciones son esas divisiones que ocurren en el cuerpo de Cristo precisamente por permitir doctrinas que no contribuyen a su unidad ni exaltación del orden establecido por Dios. La tendencia humana del maestro es la de estudiarlo todo: y cuando no hay una buena comunicación con el resto de los dones ministeriales, puede suceder lo del caso de la lengua que soporta cosas pero el estómago no. Me refiero a que el maestro puede entrar en estudios escatológicos y llegar a “descubrir “quién es el anticristo y se lanzará a proclamarlo. Quizá a el no le afecte tanto pero producirá desbalance y confusión innecesario, en el resto del cuerpo. Así como ese ejemplo, hay otras posiciones doctrinales que pueden estar o no correctas, pero que no necesariamente contribuyen a la unidad y armonía del cuerpo. En lo positivo, vemos que es el maestro el que transforma la responsabilidad y necesidad de estudiar la biblia, en algo agradable e interesante. Es el maestro el que añade sabor y sentido a esos libros poco leídos o predicados. El maestro funciona también como prisma a las enseñanzas apostólicas. Si el apóstol recibe la luz y la transmite el resto del cuerpo sin que intervenga el maestro , puede simplemente “encandilar” o producir destellos esporádicos. Pero cuando recibe el maestro, la divide y la expresa en sus distintos colores, en sus distintos contextos y en un orden específico, progresivo, en que un conocimiento complementa al otro. Así como el comer sólo por necesidad, no motiva expectación en el ser humano, el asistir a servicios religiosos, o leer la Biblia, y sólo por necesidad, no motiva expectación en los cristianos. Y, por consiguiente, rara vez descubren el gusto de hablar en la intimidad con Dios o desear que les hable por los escritores. El maestro complementa a los otros sentidos. Es el que en cierta forma, les da el visto bueno. Se puede ver un hermoso filete, su olor es invitador y su textura suave y jugosa, al cortarlo se puede oir ese suave sonido conforme el cuchillo lo penetra. Pero es hasta llevarlo a la boca que finalmente pasará el test. Está muy salado?…¿Muy picante? ¿Mucha salsa?. Desde luego se puede comer y sacarle el beneficio, pero sólo será disfrutado y apreciado si sabe bien. Así es con las doctrinas bíblicas; que tanto los miembros del cuerpo lo disfruten dependerá del sabor que cause. Una de las doctrinas de Cristo que más le gusta al cuerpo, pero que funciona sólo como postre, engordando sin nutrir es la de las promesas de la Biblia. Son tan dulces, tan apetecibles, que se comen en exceso. Pero sin un balance doctrinal, no edifican ni maduran al cristiano. Ese abuso nos muestra la necesidad de que el ministerio del maestro, esté sujeto a Cristo y a los otros dones ministeriales para que no ande enseñando a su antojo, ni solo aquellas porciones que le hacen quedar bien con la gente. A veces es necesario enseñar cosas que no son tan populares, tales como la disciplina, la fidelidad, mayordomía, santidad, etc. Cosas sin las cuales el cuerpo de Cristo no puede crecer y madurar sanamente. Lo que dije del sentido del olfato, que afecta el gusto, eso pasa entre el ministerio pastoral y el del maestro. Cuando el pastor no se dedica correctamente al discipulado y a guiar a los miembros de la iglesia en función y responsabilidad ante Cristo, las enseñanzas del maestro no son apreciadas, carecen de sabor o son bocados amargos. El maestro tiene que sobrellevar la carga de confrontar al cuerpo con sus ataduras mundanas.

Bueno hasta aquí mi forma de interpretar los cinco dones ministeriales. Como el cuerpo humano necesita de los cinco sentidos y éstos a la vez se necesitan y se complementan los unos a los otros, así también el cuerpo de Cristo necesita de los cinco dones ministeriales y éstos a su vez se necesitan y se complementan los unos con los otros. En cada uno de estos sentidos hay una gran variedad de órganos o partes que les comprenden, por eso el sentido del tacto tiene muchísimas unidades sensoriales, unas para lo liso, otras para lo áspero, otras para el viento, otras para el calor, otras para el frío. Pero todas juntas se llaman tacto. La lengua al igual tiene una parte para lo dulce, otra para lo ácido, otro para lo amargo, otro para lo salado, pero todas juntas son el sentido del gusto. Lo mismo pasa con los otros sentidos. Haciendo justicia a la comparación, diremos que hay distintos clases de maestros, evangelistas, pastores, profetas, apóstoles, y cada uno tiene una expresión muy especial y particular en el cuerpo de Cristo. Eso es, que no necesitamos sólo un apóstol, un profeta, un evangelista, un pastor y maestro. Sino como dice Efesios: unos apóstoles, otros profetas etc. En plural, para recibir el desarrollo completo. Esperar que el olfato nos diga si una comida sabe bien, es engañoso; así el demandar que un ministerio funcione como otro producirá frustración. Cristo, quien es la cabeza del cuerpo, estableció estos ministerios para edificar y perfeccionar su iglesia, haciendo cada uno su parte y necesitando del complemento de los demás.

Oro porque esta comparación nos ayude a entender, a apreciar y a discernir la ministración de todos los dones en nuestro desarrollo espiritual individual y colectivo. Oremos para que eso dones se desarrollen y funcionen en la iglesia, confirmando que “que es Cristo en nosotros la esperanza en gloria”. Antes de cerrar, quiero suplicar a mis amigos lectores de este blog que me den su retroalimentación de estos temas, me gustaría escuchar como les ha servido y si tiene algo que decir , por favor háganlo. Bendiciones…

Una respuesta to this post.

  1. Publicado por mirian quintero trremont en 30 Septiembre 2009 at 10:00

    eesta muy bueno, pero saber en que se compara el tacto con el evangelista

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