Una evaluación de los cinco ministerios IV parte

El sentido del olfato es comparado con el don de pastor

El sentido del olfato es comparado con el don de pastor

Ahora pasemos al sentido del olfato. Aparentemente este sentido es inferior a los otros, sin embargo, el apóstol Pablo nos advierte que los miembros más débiles y delicados son los más necesarios. En que forma contribuye el olfato a equipar al cuerpo? Imagínese despertar un día y salir a caminar por el campo por la mañana ; ver las flores de distintos colores y tamaños, tocar los verdes árboles y quizás unas cuantas frutas; pero no sentir ningún olor? Siente la brisa soplando suavemente, pero que no trae ninguna fragancia consigo. Qué difícil sería vivir con esas limitaciones. Pero ahora vayamos a otra situación: supongamos que se va a dormir y se le olvida cerrar la llave del gas; usted lo ve todo normal, no oye ninguna advertencia, sin embargo usted está a la puerta de la muerte, puede ser su fin. A juzgar por la vista, el oído, y el tacto no hay ninguna razón por la cual no tener como mascota ese animalito tan mono con su pelo negro y esa franja blanca sobre sus lomos y esa cola tan amplia y bonita que tiene el zorrillo. Sin embargo el olfato no está de acuerdo. La condición de no poder oler, se llama “anosmia” y es un daño entre la comunicación del cerebro y con el nervio o “lámina cribosa”. Y desde luego , como cuando un miembro se duele todo el cuerpo se duele, usted sabe que la ausencia del olfato ya sea por daño físico o enfermedad, afecta también el sentido del gusto, lo cual ampliaré más al llegar a ese sentido. Una característica muy especial del sentido del olfato es que es el más rápido que se cansa o se acostumbra a una sensación, a tal grado que es como que ya no oliera. Por ejemplo, si camina hacia un basurero, el olfato inmediatamente detecta el mal olor, y lo reporta a la cabeza, pero si sigue caminando hacia el lugar y se queda allí por un cierto período de tiempo, el olfato se cansa de reportar el mal olor y lo ignora. Se acomoda, se acostumbra a él, aunque sigue capaz de discernir nuevos olores aún en es mismo lugar. ¿Cuál es el sentido del olfato en el Cuerpo de Cristo? Lo adivinó. Es el don de pastor. Es un ministerio muy especial, pues va más allá de lo que puede ver, oir y sentir. El pastor tiene una gracia especial para discernir lo que hay detrás de las apariencias; en cierto modo, se puede decir que así como la mujer tiene un discernimiento mayor que el hombre, el llamado sexto sentido, el pastor tiene también una gracia especial. Puede entrar a la congregación un lobo con piel de oveja; se mira como oveja, se siente como oveja, pero no huele como oveja. El pastor sabe cuando algo huele mal o cuando se está tramando algo. En un cuerpo local donde no funciona el ministerio pastoral, el cuerpo carece de esa habilidad de apreciar la fragancia y el olor grato a Dios que producen las cosas pequeñas y sencillas. Como el testimonio de gratitud de una ancianita, el canto desentonado que brota de un corazón lleno de amor, la fidelidad constante y silenciosa de los hermanos que no dicen mucho pero están siempre allí donde se necesitan. De no ser por el olfato, el cuerpo carece de advertencia contra esos aires de superioridad y arrogancia que enferman y dividen al cuerpo, y esos perfumes artificiales que aunque huelen fuerte no suelen subir a Dios como ofrenda grata. El olfato es el sentido que más rápido se cansa. Al entrar en un cuarto con mal olor, el olfato lo resiente y uno desea abrir la ventana. Pero si no se hace, después de un rato ya no se resentirá el olfato, que, cansado de repelerlo, se acostumbra a ese específico olor. Y aunque sigue capacitado y dispuesto a captar cualquier nuevo olor que surja, como alguien que entra al mismo cuarto con un poco de perfume. El del pastor es el ministerio más cansado, en cuanto pasa más tiempo con el cuerpo, con la iglesia. De ahí, cuando no se tratan debidamente ciertas actitudes o circunstancias con el tiempo puede acostumbrarse a ellas y tomarlas como normales; sin embargo cualquier otro puede llegar a notar la situación y sabrá que está mal y podrá apoyar o exhortar al pastor. El hecho de que el pastor se acostumbre a una circunstancia no le excluye el poder discernir otras que comienzan. Eso provoca que unas personas resienten que el pastor les llame la atención a ellas por algo que no corrige en otras. Por ejemplo , hay un hombre que no está educando bien a sus hijos y el pastor se lo dice una y otra vez, pero este hombre no cambia; es probable que el pastor lo vaya a ignorar o considerar como uno de esos malos olores que hay que acostumbrarse. Pero llega otra familia y el hombre tampoco está educando bien a sus hijos; el pastor se le acercará y tratará de exhortarlo a que los eduque bien. Esto puede que al segundo padre le parezca que el pastor esta sesgado, pues a el le llama la atención y al otro no.

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