Diario de un viajero desesperado: El carro de Elías

Existe una historia política mundial y el relato histórico de las naciones. Pero la verdadera historia es el registro no escrito de la humanidad, de la gente y de sus vidas en particular, compuestas y redactadas por Dios y anotadas sólo en Sus Anales Eternos. Hay películas de guerras y documentos de combate. Pero la auténtica guerra se pelea individuo a individuo, una colisión espiritual de cielo e infierno que se disputa en el corazón solitario, y allí, en los recovecos del alma…

se gana o se pierde. Quizàs estos escritos no son algo  que quería escribir. Son escritos que tenía que escribir, y al final ha devenido en un gozo que ofrecer al Cuerpo de Cristo, aquellos que llevan la unción de Elías y reconocen la tortura de Jezabel. Lo considero mi documento espiritual de guerra, un manual de la estrategia del enemigo y, ante todo, una explosiva declaración de Victoria. La Biblia habla de Dios… y del hombre… pero también de algo más. El estremecedor contenido de la Biblia versa en gran medida acerca del mal… en todas sus capciosas facetas y aburrida reiteración. Preferimos volver nuestras religiosas cabezas y esperar a que se marche, este mal. No lo hará. Para el creyente apasionado –el que anhela el rostro de Dios– esta presencia, esta obscura resistencia, se halla detrás de cada esquina. Debe ser confrontada… o consumirá tu alma. La misión asignada por Dios, la prueba de obediencia, el crisol de la pureza… se oculta en tus negocios con el mal, en tus escarceos con Su colérico enemigo. Es una responsabilidad aterradora. Mejor trabajar que luchar, y bailar a preocuparse. Pero si no consigues alcanzar tu cuadrilátero de combate, has perdido tu oportunidad de Aventura Divina, mención aparte de tu Destino Eterno. Satanás escribirá entonces el último capítulo de tu historia. Si no consigues enfrentar el mal, y te niegas a darle nombre, tú te conviertes en mal, catastróficamente cegado a él. William Blake, el gran poeta cristiano del siglo XVIII escribió: “Traedme mi arco de oro ardiente. Traedme mis saetas de esperanza. Traedme mi jabalina, oh nubes de algodón. Traedme mi carro de fuego

.” El fuego de Elías, resplandeciente ante el mal satánico, es una cualidad ausente en hombres y mujeres cristianos… y por ende en la iglesia. El Carro de fuego ha de ser restaurado en esta generación,que bien pudiera ser la última.

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