En nuestra primera parte hablamos de las tendencias que se dan en nuestra adoración. Hablamos de cómo el individualismo ocupa uno de los primero lugares en la forma que adoramos al Señor en nuestras congregaciones. Pero existe un segunda tendencia que yo la denomino como la subjetividad. Esta es una mezcla de irracionalidad y romanticismo. Tiene que ver con percepciones, intuiciones, sensaciones, imaginaciones y emociones. La adoración contemporánea tienden a ser dominada por la subjetividad a la cual se le disfraza con términos bíblicos mal interpretados como “presencia de Dios”, “poder de Dios”, “libertad del Espíritu”, “manifestaciones del Espíritu” o “vida en el Espíritu”. El cristianismo bajo el dominio de la subjetividad no busca entender la doctrina bíblica sino “oír lo que Dios esta hablando en estos últimos días”. No se acerca a Dios para contemplarlo con reflexión sino para esperar que “se manifieste con poder”. No considera los mandamientos de Dios para aplicarlos y obedecerlos sino se concentra en las promesas de Dios para reclamarlas y experimentarlas. Las premisas básicas de la subjetividad religiosa giran alrededor de un sutil menosprecio a la Escritura y una obvia exaltación a las experiencias místicas. Por ejemplo se dice que primero hay que llenar el corazón de fuego para luego obtener entendimiento; que a Dios no se le conoce meditando y estudiando las Escrituras sino experimentando su poder. Esto coloca la autoridad de las Escrituras en un nivel inferior, sin embargo a la mayoría de la gente que vive así su vida cristiana se le hace difícil, a veces casi imposible, percatarse de este error. Además muchos cristianos confunden la adoración bíblica y reflexiva y reverente con la tibieza de algunas iglesias tradicionales la cual rechazan con mucha razón. También desconfían del intelecto a causa de muchos teólogos carnales que se han alejado de la verdad. Desde mediados del siglo pasado los cristianos comenzaron a tener la tendencia a despreciar el uso de la mente y de exaltar las experiencias irracionales, las sensaciones místicas y el romanticismo religioso. Estos énfasis han producido un tipo de adoración eufórica y emocionalmente gratificante pero han producido también una gradual degradación del sólido conocimiento bíblico acerca de la persona de Dios. De hecho, por causa del subjetivismo religioso muchos cristianos adoran sus imaginaciones acerca de Dios y no al Dios de las Escrituras.
Debemos tener mucho cuidado de exaltar la experiencia por sobre la revelación, así como de magnificar la revelación y hacerlo un discurso frío y teórico que anule nuestras emociones. Por alguna razón Dios nos hizo con ese “sabor” latinoamericano, por lo tanto no debemos obviar que somos expresivos, que nos gusta la música dinámica. Debemos tener un equilibrio en nuestra expresión de la alabanza y combinarla con la pasión que se desprende de una obediencia completa a la Palabra de Dios. Aún nos queda un punto que tratar en las tendencias de la adoración contemporánea: la autocomplacencia. Les dejo con otro canto de Ron Kenoly, espero que tome tiempo para adorar a Dios.