Varias personas me han preguntado últimamente, que es lo que creo hoy con relación a la iglesia. Algunos incluyendo mi padre me ha preguntado si tengo las respuestas para el problema de la iglesia. Muchos podrán pensar que mi pensamiento es extraño y contrario a todo lo establecido. Algunos de mis colegas me miran con cierta sospecha en relación a las ideas que ha surgido desde mi corazón y en la intimidad con Dios. Debo reconocer que ni yo mismo he llegado a entender y mucho menos a definir lo que Dios me ha mostrado en los últimos 6 años de búsqueda. Sin embargo hoy por primera vez me gustaría ponerlo en palabras que expresen por lo menos lo que siento y no tanto lo que intento. La verdad es que no trato de volver al modelo de la iglesia primitiva, ni adoptar nuevos modelos de iglecrecimiento, liderazgo, discipulado o eclesiología, sino que estoy tratando de reconsiderar seriamente la intención de Dios para su pueblo como comunidad en aquel entonces y su vigencia en nuestros días. Se trata de tener la honradez y la valentía para reconocer en qué puntos nos hemos apartado y la voluntad para retomar el camino perdido. Mi intención no es tratar de promover la anarquía ni la rebelión contra el modelo de iglesia que tenemos, se trata de volver a la Dynamis del Reino en todo lo que hacemos, en vez de confiar ciegamente en los programas, métodos y estrategias modernas adoptadas del mundo empresarial moderno, revisar el concepto de liderazgo y autoridad espiritual a fin de acabar con los atropellos cometidos a nuestros hermanos por causa de líderes controladores, déspotas, autoritarios, utilitaristas; dictadores espirituales infiltrados en el rebaño de Cristo. Se trata de cumplir el Propósito eterno de Dios, de entender que dentro del cuerpo de Cristo, las estructuras o jerarquías patológicas no tienen cabida. a su vez, me propongo buscar otro nivel de relaciones mas horizontal: nosotros somos el Cuerpo y Cristo es la cabeza, ningún miembro se enseñorea sobre los otros, todos trabajan en armonía a las órdenes de un solo Señor (Mt 20:25-26); coordinando, guiando y edificándose mutuamente; de aplicar las distintas facetas del mandamiento del Señor sobre el amor manifestado en la numerosas expresiones “los unos a los otros” a lo largo del Nuevo Testamento. Mi idea no trata de promover una nueva fe o un nuevo evangelio, sino depurar el mensaje del Reino de los Cielos de las influencias sobre técnicas de ventas, publicidad y mercadeo, de las ideas de la teología de la prosperidad y la guerra Espiritual de juguete, del amarillismo y la brujería cristiana, de las influencias de la Nueva Era sobre la confesión de fe y el pasar por encima de la voluntad de Dios al convertirlo en un genio de botella, de las revelaciones del “escudero de Dios” como excusa para el sometimiento servil a líderes humanos falibles, en pos de presentar al mundo de manera fresca la Dinámica del Reino de Dios entre los hombres, a través del mensaje de las Buenas Nuevas dentro del contexto de la sociedad Neocolonial (Dirán algunos Postmoderna) en que vivimos, sin comprometer las verdades inmutables del evangelio y de Dios. Mi pensar no rechaza el legado de nuestros antepasados en la fe en búsqueda de abrazar una amplia cosmovisión que acoja en su seno distintas religiones; sino que reposa sobre el fundamento del credo apostólico y sus tradiciones, y desde allí cimenta su fe, basado en la plurarquía, la tolerancia y una búsqueda de la unidad genuina de los miembros del cuerpo del Ungido. Lo que pienso no trata de adoptar estos principios en base a conveniencias, sino de recibir a cabalidad el mensaje de Dios al ángel (llámese espíritu o sentir) de la iglesia actual. “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.” Mateo 9:16-17. Finalizo con una frase de John Stott: “El distintivo de un auténtico cristianismo evangélico no es la repetición insensata de viejas tradiciones, sino la disposición de someter toda tradición, por antigua que sea, a un escrutinio bíblico fresco y, de ser necesario, a una reforma” Y yo digo una gran Amén a esto!