
Una parábola de la apatía en el mundo actual
Navegando en la red me encontré algunas de estas ideas, así que las he modificado y las reproduzco, no con intención sino con plena dedicatoria para todos nosotros.
Un hombre cayó en un pozo del que no podía salir. Por fortuna estaba seco, pero se vio atrapado allí… – Un matemático le dijo: Calcularé la parábola que describiste al caer en ese pozo. – Un periodista le dijo: ¿Cuánto pides por la exclusiva de la historia del pozo? – Un recaudador de impuestos dijo: ¿Ha pagado usted el impuesto sobre caídas inmuebles? – Un abogado dijo: Le dejo mi tarjeta por si quiere reclamarle daños y perjuicios al dueño del pozo. – Un barrendero dijo: Haga el favor de no echar tierra fuera del pozo, que lo ensucia todo. – Una persona auto-compasiva dijo: ¡Este pozo no es nada comparado con el mío! – Un “criticón” dijo: Vaya, vaya ¿Te caíste en el pozo verdad? Deja que se lo cuente a mi vecina… – Un psicólogo dijo: Hasta que no creas en ti mismo, y visualices que puedes salir de ahí, no conseguirás nada, y te quedarás hundido en el pozo. – Un catastrofista dijo: Más vale que te acostumbres a estar ahí, porque cuando te mueras te quedarás para siempre bajo tierra. – Un optimista dijo: Alégrate, que las cosas te podrían ir peor fuera del pozo. – Un pesimista dijo: Las cosas van a empeorar en los pozos. – Un mentalista dijo: Es el momento para que te concentres en ti, y no en el pozo. Debes limpiar tu ser interior de malas influencias… – Un hipnotizador dijo: Estás cansado, duerme… Ahora está en el Caribe, tomando el sol en la arena… – Un corredor de seguros dijo: Si perteneciera a mi compañía le indemnizaríamos por cada día de permanencia en el pozo, pero como no aceptó mi oferta en su día… Luego de pasar toda esta gente, como era domingo, comenzaron a pasar personas de distintos “grupos religiosos”: – Un fariseo dijo: Solo la gente mala cae en el pozo, así que tú te lo has buscado. Iré a buscar piedras… – Un levita le dijo: Ahora no tengo tiempo para ti, tengo que limpiar el templo. – Un católico dijo: Encomienda tu escalada a San Bernardo de Mentón, el patrono de los alpinistas. – Un musulmán dijo: Alá es grande. Entonces le marcó donde estaba el oriente para que supiera hacia donde dirigir sus plegarias. – Un monje budista dijo: Seguramente fuiste una mala hormiga en una vida anterior, y por eso has vuelto ahí, para que recapacites. Y por último, como sus reuniones son un poco más tarde, pasaron algunos grupos de cristianos: - Un tele-predicador le dijo: Estás ahí por no hacer donativos a mi ministerio glorioso. – Un tele-evangelista dijo: Pon tu mano sobre la pared del pozo y ¡Recibe el milagro ahora! ¡Sales del pozo! Como no consiguió que saliera de allí, le invitó a que asistiera a su próxima cruzada de fe y milagros. – Un ujier (acomodador) de cierta congregación le dijo: No tengo tiempo para sacarte, tengo que llegar al templo antes que nadie para abrir la puerta. – Un líder de alabanza dijo: Mientras que estés en el pozo, canta al Señor, y si escuchas el ritmo que sale de “mi iglesia”, bate las palmas con fuerza, aún en lo profundo de tu problema, como Pablo y Silas. – Un tesorero le dijo: Después le digo al ujier que pase por aquí para recoger tu ofrenda. – Un adventista dijo: Algún día vendrá el Maestro, y entonces no importará que estuviste en un pozo. – Un reformista dijo: Ahora tienes tiempo para pensar en qué reformas le harás al pozo. – Un fundamentalista dijo: Mereces estar en el pozo. – Un bautista dijo: Necesito ir a estudiar un poco, para ver si descubro por qué caíste en el pozo. – Un pentecostal dijo: Sólo confiesa que no estás en el pozo ¡Declara que eso no es un pozo! Creo que ese día solo salieron a la calle los “malos cristianos”, porque estoy seguro que tú, aún perteneciendo a alguno de esos grupos, no te habrías quedado impasible… Mala suerte para el pobre hombre que no pasara alguno de nosotros por allí ¿Verdad? Porque nosotros sí sabemos hacer las cosas bien… Finalmente pasó por allí Jesucristo. Viendo al hombre hundido en el pozo, se tiró al suelo, ensució sus ropas, le extendió la mano para tomar la suya, y lo ayudó a salir de allí. Luego le dijo: “Cree en mí, que soy la Vida y el Camino, no peques más, ya has visto que yo te puedo ayudar…Persevera hasta el fin y serás salvo…” De manera que quien diga ser cristiano, que transforme su conocimiento de Dios en fe confiada, y que ponga esa fe a trabajar, para ayudar a cuantos le rodean a salir de sus “pozos”. Todo lo que estudiemos nos enriquecerá, todo lo que descubramos nos hará crecer, todo lo que compartamos nos edificará… Y el fruto de todo eso deberá acercarnos a conocer el Amor que obra desinteresadamente, el que surge de un corazón lleno de la plenitud de Dios, y que no hace las cosas porque lo digan ciertas normas, sino porque ese precioso Amor mismo es el que provoca gratitud, esa gratitud que hace que actúes como Cristo haría. Recordar el capítulo 13 de la Primera carta de Pablo a los Corintios, no nos vendría nada mal a estas alturas, y leerlo como no habiéndolo leído nunca antes nos podría ir bien; quizás aprendamos algo que creíamos saber… Hacer las cosas bien no es en sí el amor, pero no