10. Tendencia al legalismo en vez de la gracia.
Lucas 15:1 dice que los pecadores y los publicanos venían a escuchar a Jesús. Aquellos que eran lo peor de lo peor en los tiempos de Jesús, se sentían atraídos por él. Cristo es atrayente e irresistible. Me pregunto por qué “lo peor de lo peor” de nuestras comunidades no se sienten atraídos a escuchar de él en nuestras iglesias. Quizá sea porque nos hemos vuelto una especie de fariseos modernos que rechazamos con nuestras palabras, acciones y actitudes a los que se sentirían atraídos por las buenas noticias del evangelio.
De muchas maneras hemos sustituido el mensaje de la gracia de Dios en Cristo por un mensaje humano, lleno de requisitos y reglas para que Dios nos acepte. Esta tendencia se ve reflejada de varias maneras. Por ejemplo, en las diversas reglas que implantamos para tener acceso a las instalaciones. En algunos lugares se ponen letreros que indican qué tipo de ropa usar, qué tan largo debe estar el cabello o quiénes no son bienvenidos a las reuniones. Las canchas deportivas de nuestras iglesias sólo pueden ser usadas por personas “dignas” de la santidad del lugar. Todas estas actitudes farisaicas ahuyentan a los necesitados espiritualmente. La tendencia también se refleja en la enseñanza y la predicación sistemática de nuestras iglesias. Muchas predicaciones se reducen a una serie de reglas que tenemos que cumplir para ser aceptados por Dios. Aunque predicamos la salvación por gracia, con nuestros mensajes cotidianos, pareciera que la gracia es algo que uno se gana a base de esfuerzo. En vez de eso, debemos predicar el evangelio de la gracia de Dios que dice que somos peores de lo que pensamos, pero que Dios nos ama en Cristo más de lo que imaginamos. Por su gracia somos salvos y vivimos cada instante la vida cristiana. No obedecemos para ser hijos, sino porque Dios ya nos ha aceptado en Cristo como hijos es que deseamos agradar ahora a nuestro Padre. Cuando la gracia es predicada y vivida en una iglesia, los pecadores comienzan a acercarse porque escuchan las buenas noticias. La gente empieza a comprender que no necesita arreglar primero su vida para poder acercase a Dios, sino que puede venir tal y como está, pues Dios nos ama tanto que nos recibe como estamos para transformarnos, por gracia, a la imagen de su hijo Jesucristo.
Tenemos un desafío muy grande, pero no debemos amedrentarnos. Como Evangélicos, somos herederos de una gran riqueza histórica, teológica y ministerial. Seamos una “Iglesia reformada siempre reformándose”. Cambiemos los énfasis y tendencias que necesitemos modificar para cumplir con nuestra misión. Como Iglesia, somos la estrategia de Dios para alcanzar al mundo.