Como última parte de esta serie de reflexiones quiero pasemos a hablar de los Laicos visibles y clérigos encubiertos. Es decir de los curas evangélicos
A lo menos en este aspecto la Iglesia Católica es más consecuente que los evangélicos con su terminología, pues mientras aquella mantiene dos estados bien definidos -como son el clerical (o eclesiástico) y el seglar (o laico)-, retienen estos otros a los laicos mientras jamás son presentados sus ministros como clérigos o eclesiásticos.En realidad, no le queda bien al protestantismo más evangélico, bíblico y fundamentalista designar a sus ministros en forma similar al sacerdocio romanista, pues aunque los términos se omitan, el tácito estado eclesial de sus ministros se sostiene sólo con el reconocimiento de los laicos. Estos pueden ejercer como oficiales en las iglesias, aunque carezcan de estudios teológicos ni hayan sido ordenados formalmente al ministerio. De este modo, la mera presencia de los laicos hace realidad la de los no laicos; una casta muy especial formada por profesionales de la religión. Es comprensible que nuestro sistema pastoral -por más protestante y evangélico que parezca-, no haya tenido tampoco interés en ventilar esta realidad, ya que al tiempo que se contenía de presentarse como clerical o eclesiástico -por obvia connotación romanista-, mantuvo la designación de laicos para la masa de su feligresía no graduada en estudios teológicos ni oficialmente ordenada. Sin embargo, clérigos y eclesiásticos somos todos los miembros de la iglesia de Jesucristo, de acuerdo a la lección del Nuevo Testamento. Es común que un visitante a una iglesia evangélica, desconociendo al predicador, pregunte a quien tenga a su lado quién es el que va a dar el sermón. Podrá respondérsele, que ante un repentino viaje del pastor, le suplantará en el púlpito un laico, es decir, un hermano de la iglesia apto para predicar en alguna emergencia. Inmediatamente, la impresión que se tiene es que se va a escuchar a alguien con facilidad de palabras y algún conocimiento bíblico, pero de todos modos, un mero aficionado, alguien que toca de oído, un predicador de segunda, y así se dispondrá a soportar una exposición a la que le faltará la rúbrica de un orador formalmente capacitado, graduado y ordenado al ministerio. Cuando el ocasional “suplente” predica en un nivel superior al Pastor titular, la gente no sale de su estupor pues no logra entender qué está pasando; como tampoco lo entendían los sacerdotes de Jerusalem, al escuchar a hombres iletrados y del vulgo como Pedro y Juan (Hch.4:13). ¡Es que el haber estado con Jesús -el único Maestro- hace la diferencia! ¿De dónde procede la palabra laico? Bueno me creerá que es de una etimología impúdica El término “laico” no aparece en el griego del NT , y por su raíz etimológica está emparentado con una familia de palabras impúdicas. Tiene en su raíz “laik” un origen fálico, y su familia lingüística probablemente explique su ausencia del texto bíblico:laikazw – laikadso: engañar, andar en liviandades. laikash” – laikasés : impúdico. laikasreia – laikasreia: meretriz laiko” – laikos : lego
Este es el orden de la lista de palabras que aparece en la pg. 421 del Diccionario Manual GRIEGO-LATINO-ESPAÑOL de los Padres Escolapios. Editorial Albatros. Buenos Aires 1943. Rememorando una consulta de biblioteca de hace unas tres décadas, el término griego tiene un origen con sentido despectivo. Como es sabido, en las antiguas civilizaciones (egipcia, griega, romana, etc.) la cultura prácticamente era exclusiva de la clase sacerdotal, que ningún interés tenía de hacer partícipe al pueblo del conocimiento de las letras y las ciencias, reservándose para sí el dominio intelectual que le permitía prevalecer, así sobre los nobles como sobre sus vasallos. Es así como el digno vocablo “laos” tiene en “laicos” el sentido de plebe, chusma, vulgo, gentuza, populacho, caterva, carnales, profanos, irreligiosos y otras lindezas de sinónimos por el estilo. Y su sentido fálico, es tan antiguo como el de los mismos obeliscos. Si a cualquiera de nosotros se nos llamara de “laico” como quien nos obsequiase una joya, ¡es para devolverlo con estuche y todo!
Siendo honestos en realidad, nada obliga a seguir usando un término no escritural y que solo sirve al interés elitista que discrimina al pueblo de Dios entre ministros y ministrados. Pero sé que sl fin de cuentas, lo único que traerá gloria a Dios, edificará su iglesia y convertirá a los pecadores, será la Palabra viva y eficaz predicada por hombres santos y fieles, llenos del Espíritu Santo, aunque carentes de títulos, graduaciones y ordenación humana; sin embargo es bueno empezar a dejar de pensar en las dos categorías, pues tanto el pastor piensa que él es el único preparado para hcer la labor eclesiástica y el laico piensa que le está pagando al pastor para hacerlo, así que se desconecta de toda la obligación ministerial que la Biblia le impone.
Al final quizás podemos decir lo que John Wesley dijo : “Dadme cien predicadores que no le teman a nada excepto al pecado, y no desean nada excepto a Dios, y me importa un comino que sean clérigos o laicos: ellos sacudirán las puertas del infierno y establecerán el reino de los cielos en la tierra.”